Descubre cómo los tulipanes nacieron en Turquía, brillaron en la Era del Tulipán en Estambul y llegaron a Holanda. Historia, cultura y festival primaveral.
Los tulipanes suelen asociarse con Holanda: campos de flores, festivales llamativos y exportaciones multimillonarias. Sin embargo, pocos reparan en que el viaje de esta flor célebre no empezó en Europa. Turquía —más precisamente, el Imperio otomano con Estambul como capital— desempeñó el papel decisivo.

Los tulipanes proceden de las regiones montañosas de Asia Central e Irán. Más tarde llegaron al Imperio otomano, donde conquistaron a sultanes y élites. Los jardines palaciegos se llenaron de parterres; la flor apareció en dibujos, tejidos y cerámicas. No era solo una planta bonita: en ese entorno se convirtió en parte de la identidad.

En la primera mitad del siglo XVIII, el Imperio otomano entró en una etapa singular que los historiadores llaman la Era del Tulipán: un tiempo de festejos, jardines y arte. Especialmente en Estambul, el tulipán se convirtió en símbolo de riqueza y refinamiento. Se celebraban veladas en parques en flor, los artistas entrelazaban motivos botánicos en sus obras y la admiración por la flor se derramaba por las calles. La era terminó con un cambio de poder, pero su memoria perduró: cuesta no ver hasta qué punto la ciudad hizo suya la flor.

Diplomáticos y viajeros europeos fueron los primeros en oír hablar de los tulipanes tras visitar la corte del sultán otomano. Entre ellos, el enviado austríaco Ogier de Busbecq relató que vio aquellas flores inusuales y se llevó bulbos a casa. Así comenzó el periplo europeo del tulipán.
Los Países Bajos se enamoraron más que nadie. En el siglo XVII, se compraban y vendían bulbos por sumas asombrosas —a veces, equivalentes al precio de una casa. La fiebre duró poco, pero dejó huella; desde entonces, los tulipanes forman parte de la cultura neerlandesa, un detalle que todavía sorprende cuando uno lo piensa.

Aunque el mundo vincule el tulipán con Holanda, Turquía no ha olvidado su flor. Cada abril, Estambul celebra un festival de tulipanes y planta millones de flores por toda la ciudad. Es celebración y recordatorio a la vez: mucho antes que Europa, aquí el tulipán importaba.
Los tulipanes turcos a menudo difieren en su forma: más esbeltos, más puntiagudos. Son los perfiles que vemos en azulejos, tejidos y alfombras históricos.

La historia del tulipán demuestra cómo una flor llamativa puede tender puentes entre culturas. Primero se ganó los corazones en Turquía, luego en Europa, y hoy se aprecia en todo el mundo.
A veces, una flor sencilla dice mucho del pasado. El tulipán no es solo un adorno de jardín: es un hilo vivo de la historia. Y para sentir un poco la atmósfera de Estambul ni siquiera hace falta viajar: basta con mirar sus tulipanes primaverales —aunque sea en fotos— para que algo de esa ciudad se cuele en casa.