Turismo extremo: Everest, Chernóbil y otros destinos peligrosos

Turismo extremo: 7 destinos peligrosos y fascinantes
By Graeme Maclean - Flickr.com, CC BY 2.0, Link

Descubre el turismo extremo en 7 destinos peligrosos: Everest, Chernóbil, Kamchatka, Carretera de la Muerte, Valle de la Muerte y el Gran Agujero Azul.

Mientras muchos viajeros se tumban al sol en la playa, otros eligen a propósito destinos donde el riesgo no es un fallo, sino parte del itinerario. La búsqueda de sensaciones que coquetean con el peligro se ha convertido en otro formato de vacaciones. Crece el número de quienes sacrifican comodidad por una descarga de adrenalina, y el mapa de esas rutas es amplio: de desiertos abrasadores a puertos helados, de zonas radiactivas a cuevas submarinas.

Everest: una cumbre donde la adrenalina va de la mano de la muerte

montañas, cielo

Cuando se habla de la cúspide del turismo extremo, el Everest ocupa ese lugar por razones evidentes. El punto más alto del planeta alimenta desde hace tiempo la ambición de miles de alpinistas, aunque el camino esté sembrado de amenazas muy reales. El mal de altura, las avalanchas, los bruscos cambios de tiempo y los atascos en aristas estrechas forman parte del ascenso. En 2023 más de un millar lo intentó, unos 600 pisaron la cumbre y 12 montañistas murieron. La factura también es empinada: de media ronda los 100.000 dólares.

Chernóbil: turismo a la estela de una catástrofe

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El inquietante silencio de la Zona de Exclusión sigue atrayendo visitantes de todo el mundo. Desde que la serie Chernobyl devolvió el desastre al primer plano, el flujo turístico crece: en 2024 llegaron más de 100.000 personas y, desde 2022, la asistencia ha aumentado un 20%. Las operadoras subrayan que los niveles de radiación en áreas controladas se consideran seguros si se siguen las instrucciones. El interés, por lo que se ve, no decae.

Kamchatka: naturaleza en bruto en el extremo remoto

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La península de Kamchatka ofrece paisajes que cortan la respiración y, a la vez, sigue siendo uno de los rincones más inaccesibles de Rusia. Géiseres, volcanes activos, osos y la casi total ausencia de cobertura móvil en buena parte del territorio son el pan de cada día para el viajero. La naturaleza es majestuosa y caprichosa a la vez: emisiones volcánicas, bruscas variaciones de temperatura y avalanchas no son raras. Aun así, cada temporada llegan nuevos visitantes, indiferentes a la logística —y al riesgo.

La Amazonia: salvaje, impredecible, irresistible

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La selva amazónica no es solo un océano verde de hojas, sino una auténtica prueba de resistencia. Fauna venenosa, insectos agresivos y enfermedades mortales como la malaria o el dengue forman parte de la realidad. A menudo los turistas dependen por completo del criterio de los guías locales. Con todo, el interés crece: para 2025 se prevé un aumento del turismo del 10%.

La Carretera de la Muerte de Bolivia: sin margen de error

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Oficialmente llamada Yungas Road, lleva mucho tiempo conocida simplemente como la Carretera de la Muerte. Este estrecho serpenteo de unos 60 kilómetros une La Paz con las tierras bajas de los Yungas. Durante décadas, cientos de personas morían aquí cada año: desde conductores de autobús hasta ciclistas en busca de emociones fuertes. Pese a los riesgos, desde los 2000 la ruta se ha convertido en un imán para el ciclismo de montaña.

Valle de la Muerte: un parque abrasador

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El Valle de la Muerte, en California, está entre los lugares más calurosos del planeta. Pese a que en verano las temperaturas superan los 54 °C, lo visitan cada año alrededor de 1,5 millones de personas. El atractivo es evidente: salares, dunas y cañones de colores intensos. Pero manda la naturaleza: la deshidratación, el golpe de calor y las averías pueden convertir la excursión en una lucha por sobrevivir. El personal del parque rescata con regularidad a visitantes, aunque hay ocasiones en que la ayuda llega tarde.

El Gran Agujero Azul: el tirón de las profundidades

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Frente a las costas de Belice se encuentra una maravilla natural: el Gran Agujero Azul, uno de los lugares más codiciados por los buceadores. En el último año, el número de visitantes aumentó un 25%. Cuevas sumergidas, estalactitas y aguas cristalinas explican parte del magnetismo. Pero no es una salida para principiantes: corrientes potentes, cambios peligrosos de presión y el riesgo de desorientación convierten la inmersión en una prueba seria.

¿Qué nos dice todo esto?

El viaje extremo hace tiempo que dejó de ser marginal. Cada vez más personas están dispuestas a asumir riesgos para sentirse verdaderamente vivas, ya sea sobre un glaciar, en plena selva o entre ruinas radiactivas. Hay una pulsión de medirse a uno mismo y otra de perseguir experiencias singulares que no ofrece un resort con pulsera.

En ese sentido, el mapa global para quienes buscan adrenalina se parece cada vez más a una cartilla de supervivencia. Aquí no hay zonas con Wi‑Fi ni cócteles con sombrillita; cambian las referencias: el aliento de un volcán, el bramido de un oso o el rugido del oleaje que puede ocultar un peligro mortal. Y, aun así, la gente vuelve. Tal vez porque, ante ciertos paisajes, la cautela y la atracción avanzan a la misma velocidad.