Descubre Triora, el pueblo de las brujas en Liguria. Su historia de juicios, el Museo de las Brujas y el festival Strigora te invitan a reflexionar y visitar.
Entre montañas y laderas verdes de Liguria, en el norte de Italia, se esconde un pequeño pueblo con un pasado insólito. Triora fue un lugar tomado por la creencia en brujas, los interrogatorios y una cacería muy real contra mujeres a las que se les atribuía cualquier desgracia. Hoy se lo conoce a menudo como el pueblo de las brujas y se ha convertido en símbolo de un capítulo trágico, pero elocuente, de la historia italiana.
Comenzó en 1587. Las cosechas fallaron, faltó comida y se propagó la enfermedad. Los vecinos buscaron a quién culpar. Las acusaciones pronto se centraron en mujeres que vivían apartadas, trabajaban con hierbas, practicaban curaciones y mantenían ritos locales.
Siguió el pánico. Detuvieron a mujeres, las interrogaron y las acusaron de brujería. Intervinieron las autoridades locales y la Iglesia, y lo que en la práctica fueron juicios por brujería se impusieron. Bajo tortura, ellas admitieron hechos que no habían cometido. Algunas murieron bajo custodia. Durante dos años, decenas afrontaron acusaciones. Sobre un telón de fondo de pobreza y temor, la sospecha se convirtió en persecución: un patrón que, cuando la crisis se mezcla con el rumor, resulta tristemente familiar.
Más de 400 años después, Triora conserva con cuidado la memoria de aquellos hechos. El pueblo gestiona un Museo de las Brujas, donde los visitantes pueden ver objetos históricos, documentos y testimonios de la época. Ofrece una forma de comprender cómo se vivía entonces y por qué ocurrió todo.
El museo no busca asustar; invita a la reflexión. Es un relato honesto del pasado y un recordatorio de que las acusaciones sin pruebas se vuelven especialmente peligrosas en tiempos difíciles.
Cada verano, Triora celebra el vibrante festival Strigora. Las calles se llenan de puestos con comida local y recuerdos, junto a talleres, espectáculos callejeros y desfiles con disfraces. No es un aquelarre en sentido literal, sino una fiesta de la cultura local que demuestra cómo incluso una historia oscura puede convertirse en memoria compartida y reunir a la gente.
Hoy Triora es un lugar tranquilo, de casas de piedra y callejones estrechos. Quien llega no busca ruido, sino ambiente e historia. Hay quienes sostienen que el pueblo merece figurar en listas de patrimonio cultural, porque recuerda que el miedo y el prejuicio pueden conducir a errores graves.
La historia de Triora no es ficción ni leyenda. Es una realidad que conviene recordar. Y aunque Italia no esté en tus planes, este relato ofrece una mirada más clara sobre lo vital que resulta no repetir los errores del pasado.