Descubre el tranvía de Sóller, línea histórica que une la ciudad con el Puerto de Sóller. Recorrido entre naranjos y su papel en una Mallorca más sostenible.
En el norte de Mallorca, entre naranjales y montañas, un tranvía genuinamente histórico lleva más de un siglo en marcha: la línea que une la ciudad de Sóller con su puerto. Entró en servicio el 4 de octubre de 1913 y, desde entonces, apenas ha cambiado. El recorrido sigue trazado sobre la misma vía, de algo menos de cinco kilómetros.
El proyecto fue ideado y diseñado por el ingeniero Pedro Garau. A comienzos del siglo XX, se propuso facilitar el transporte de carga y de pasajeros entre Sóller y su puerto. Entonces, los raíles llevaban no solo gente, sino también cajas de pescado y carbón, y en tiempos de guerra incluso proyectiles y torpedos.
Su ancho de vía es de algo menos de un metro.
Funciona con electricidad.
Circula sin prisas, con una velocidad máxima de 25 km/h.
Los coches siguen siendo de madera, como entonces. Algunos son auténticos supervivientes de 1913. Más tarde llegaron otros desde Lisboa, reconstruidos para adaptarse a las condiciones locales.
El viaje arranca en el centro de Sóller. Primero el tranvía se desliza junto a edificios históricos, luego se abre paso entre naranjos y limoneros, cruza un puente sobre un río de montaña y, al final, entra directo en el Puerto de Sóller. En total hay 17 paradas; uno puede bajarse en cualquiera y seguir a pie. Es un trayecto que invita a mirar el paisaje y no el reloj.
Aunque el tranvía es el favorito de muchos visitantes, los vecinos siguen confiando en él para ir al trabajo, llevar a los niños al colegio o acercarse al mercado. Funciona todos los días y no depende de los atascos, parte de su encanto discreto.
En 2025, las autoridades de Sóller empezaron a restringir el aparcamiento para coches de alquiler, con residentes cansados del auge del turismo. Se anima a los visitantes a pasarse al transporte público, y el tranvía ha vuelto a ser especialmente útil. Ayuda a desahogar las calles y, igual de importante, preserva la atmósfera de otro tiempo en la isla.
A pesar de su edad, el tranvía de Sóller no se retira. Sus coches reciben mantenimiento regular y se incorporan nuevos —también de época— traídos de otros países. La línea bien podría ganar aún más popularidad, sobre todo si las restricciones al coche se mantienen. Nada de esto suena a nostalgia por la nostalgia; es una decisión práctica que encaja con el lugar.
El tranvía de Sóller es algo más que un reclamo turístico. Forma parte de la vida cotidiana de la isla: un pedazo de historia viva que se puede ver, tocar y usar. El viaje cambia velocidad por carácter: se oye el canto de los pájaros, llega el aroma a cítricos y un coche de madera pasa como si acabara de salir de los primeros años del siglo XX. Quizá ahí, sin hacer ruido, reside su encanto.