Descubre cómo cambia el clima de Nepal según la altitud: cinco franjas, estaciones y monzón, de Terai a glaciares. Tendencias y riesgos del cambio climático.
En Nepal no hace falta recorrer grandes distancias para cambiar de clima: basta con subir una montaña. El país parece hecho para los contrastes más rotundos: calor y humedad en el sur y, a pocas decenas de kilómetros, escarcha y nieve en altura.
Nepal es pequeño en el mapa, pero su clima parece el de todo un continente. Del punto más bajo al más alto la diferencia supera los 8.000 metros. En ese gradiente se atraviesan cinco franjas climáticas bien definidas.
Todo empieza en el Terai —las llanuras del sur—. Hace calor la mayor parte del año. En verano el termómetro supera con facilidad los 40 °C, y el monzón intensifica la sensación de bochorno. El invierno es más suave, con temperaturas que se mueven entre 7 y 23 °C.
Luego llegan las colinas y los valles, incluida el área de Katmandú. Aquí reina un clima templado: veranos cálidos, inviernos frescos y sin heladas severas. Según la estación, las temperaturas van de 2 a 35 °C.
A medida que se gana altura, el aire se afila. Los distritos montañosos se sienten realmente fríos; los inviernos pueden ser duros y los veranos, breves y frescos. La regla es sencilla: cuanto más alto, más frío. Por encima de 4.400 metros empieza el dominio de la nieve y el hielo: glaciares en los que incluso en verano el termómetro puede bajar de cero.
Los científicos señalan que por cada kilómetro de ascenso la temperatura desciende unos 6 °C. Dicho de otro modo: si en las tierras bajas hay 30 °C, en una cumbre cercana puede helar. Cuesta no advertir el contraste.
Nepal no cuenta cuatro estaciones, sino cinco: primavera, verano, la estación del monzón, otoño e invierno. De junio a septiembre el monzón trae aguaceros intensos. Sostiene la agricultura, aunque a menudo desencadena inundaciones y deslizamientos. El resto del año domina la estación seca, con cielos más despejados y un aire más limpio.
La mayoría se asienta en las tierras bajas y en las laderas, donde es más fácil cultivar, construir y vivir con comodidad. En las montañas altas la vida se vuelve dura —frío, lejanía, recursos escasos—. Allí son más comunes el pastoreo estival o el paso de viajeros, mientras que las aldeas permanentes son menos frecuentes.
Estas franjas condicionan el día a día. En una se puede plantar arroz y plátanos; en otra, apenas patatas —o nada—. La verticalidad del país marca sus posibilidades.
Según un informe del Gobierno de Nepal, 2023 estuvo entre los años más cálidos desde 1981. Los días calurosos son cada vez más frecuentes y las temporadas de lluvia resultan menos previsibles. El cambio avanza con especial rapidez en el sur, que se recalienta, y en las montañas, donde los glaciares se derriten.
Estos giros traen riesgos reales: inundaciones, deslizamientos y escasez de agua. Si las temperaturas siguen en ascenso, el impacto sobre las personas y la naturaleza será considerable. Conviene leer las señales: están a la vista.
Nepal es un lugar asombroso donde, en cuestión de horas, se puede pasar de los trópicos al permafrost. Eso lo hace irresistible para los viajeros y valioso para la ciencia. Pero esa misma diversidad es cada vez más vulnerable al cambio climático. Entender cómo está cambiando el país es un primer paso para mantenerlo a salvo.