Descubre Santorini Brewing Company: la cerveza viva Donkey en Santorini. Historia, estilos, colaboración con sake y cómo visitar fábrica para catas y terraza.
Para la mayoría, Santorini significa vino, casas encaladas y atardeceres de postal. Pocos saben que también es la cuna de una de las cervezas más singulares de Grecia, reconocible por su botella llamativa y un burro obstinado en la etiqueta. No es un mero guiño publicitario: detrás hay una historia real, un equipo curioso, ideas audaces y un resultado que se nota en la copa.
Todo empezó en 2011, cuando cuatro amigos —de Serbia, Grecia, Estados Unidos y Reino Unido— decidieron abrir la primera cervecería de Santorini. La llamaron Santorini Brewing Company y escogieron un lugar poco turístico: el pueblo de Mesa Gonia. Su objetivo era elaborar un tipo de cerveza poco habitual en Grecia: vibrante, fresca, viva y con personalidad.
La cerveza de SBC no se filtra ni se pasteuriza y no lleva conservantes. Así mantiene un sabor natural, pero exige conservarla en frío. No está pensada para pasar meses en estanterías: se elabora para disfrutarse fresca. En la práctica, eso complica un poco la producción y la distribución, aunque también añade un punto de carácter.
Toda la línea se agrupa bajo el nombre Donkey. Se ha convertido en firma y en seña local: Yellow Donkey, Red Donkey, Crazy Donkey, White Donkey. También hay lanzamientos más raros —como Slow Donkey o Smart Ass— concebidos como experimentos.
Las cervezas se elaboran con ingredientes importados: maltas de Austria y Alemania, lúpulos de distintos países y agua desalada —en Santorini no hay fuentes naturales—. Aun así, el resultado se siente con ADN isleño: ligero, fresco y a tono con el calor.
SBC no pretende conquistar el mundo. Puede encontrarse en Estados Unidos, Japón o Australia, pero su foco sigue siendo Santorini. Es allí donde más se bebe: en bares, cafés y en la propia fábrica. Una elección que parece coherente con su origen.
A finales de 2024, el responsable de una empresa japonesa de sake visitó la cervecería para intercambiar conocimientos. Hallaron puntos en común en los procesos de fermentación a bajas temperaturas. Esa colaboración sugiere que SBC se gana el respeto más allá de Europa.
La fábrica recibe visitantes en verano. Se puede pasar, catar distintos estilos, sentarse en la terraza con vistas y llevarse algún recuerdo: desde botellas hasta camisetas con el burro. Si el grupo supera las cuatro personas, conviene reservar con antelación.
Quienes han ido destacan el ambiente amable y las degustaciones sabrosas. En temporada alta puede estar concurrido, pero para muchos eso apenas entorpece la experiencia; la terraza invita a quedarse un poco más.
Hoy SBC es más que la primera cervecera de la isla: forma parte de la identidad de Santorini. Están apareciendo otras, pero los ‘donkeys’ siguen marcando el paso. Y aunque la isla continúe siendo sinónimo de vino, también habla con voz cervecera.