Shanghái lidera la ciudad inteligente: gemelo digital, metro que se autovigila y barrios de 15 minutos; proyectos reales y ideas para ciudades.
Shanghái lleva tiempo considerada un referente de planificación urbana y tecnología en China. En los últimos años ha ido más allá: la ciudad ensaya en sus calles lo que pronto podría convertirse en la realidad cotidiana de millones en todo el mundo. Y no se trata de planes lejanos para 2040: mucho de ello ya está ocurriendo.

Shanghái está destinando recursos considerables a la ciencia y a las nuevas tecnologías. En 2025, la ciudad asignará casi el 4,5% de su presupuesto a investigación y desarrollo. Es mucho, sobre todo si se tiene en cuenta que, incluso según los estándares chinos, la media es más baja — alrededor del 6,6%.
Las áreas de enfoque incluyen microelectrónica, medicina, inteligencia artificial, energías renovables y robótica. Ya están en marcha más de 900 proyectos tecnológicos de envergadura. La apuesta es clara: no solo inventar estas herramientas, sino entretejerlas con la vida diaria.

Uno de los esfuerzos más sugestivos es la creación de un gemelo virtual de Shanghái: una copia digital completa que refleja cómo funciona la ciudad en el mundo real.
En diciembre de 2024, se abrió en el distrito de Putuo una base dedicada a probar distintos escenarios digitales. Por ejemplo, una red de gas inteligente supervisa las operaciones en tiempo real y puede señalar fugas o fallos por adelantado. Otro proyecto es una aplicación que permite a los residentes obtener información sobre su barrio y acceder a los servicios municipales con un solo toque. Suena menos a demostración y más a un prototipo funcional de la vida urbana del mañana.

El metro de Shanghái es uno de los más grandes del mundo, y ahora se vuelve más inteligente. Donde antes las revisiones de equipos llevaban de dos a cuatro semanas, el sistema ahora lo controla todo en tiempo real. Si algo falla, los despachadores reciben avisos casi de inmediato. Los pasajeros lo notan: los tiempos de reparación se han reducido a una tercera parte — de una hora a 20 minutos. Para una red de este tamaño, recortar así el tiempo de inactividad no es poca cosa.

Shanghái ha empezado a impulsar el concepto de la “ciudad de 15 minutos”, donde lo esencial del día a día —tiendas, escuelas, deporte y salud— queda a mano. En Pudong, la idea va más lejos: un modelo 3D de toda una manzana, capas de realidad aumentada y una aplicación móvil conectada. Los residentes no se limitan a ver un mapa; interactúan con él, dejando opiniones, planteando preguntas y recibiendo avisos. Ese nivel de integración saca las herramientas digitales de la trastienda de la infraestructura y las convierte en hábito cotidiano.

En 2025, la ciudad acogió dos grandes conferencias internacionales. En SDG Cities, los participantes debatieron cómo hacer que las áreas urbanas sean más habitables y sostenibles. En Tomorrow. City, cientos de empresas mostraron tecnologías para ciudades inteligentes.
Shanghái no solo participó: asumió un papel protagonista. Presentó sus propias soluciones y se convirtió en el primer lugar en abrir el centro global de Tomorrow. City. En la práctica, eso sitúa a otras megaciudades en disposición de aprender de lo que Shanghái está construyendo, no solo sobre el papel, sino a pie de calle.

El avance acelerado trae sus propios retos. Uno es proteger los datos personales: cuanto más se impregna la vida diaria de tecnología, mayor es el riesgo de que la información de los residentes se use sin que ellos lo sepan.
También asoman otros interrogantes. ¿Encontrarán las personas mayores fáciles de usar estos nuevos servicios? ¿Y tendrá cada distrito acceso a las mismas soluciones inteligentes?
Aún no hay respuestas sencillas. Pero la disposición de la ciudad a experimentar —y a hacerlo a la vista de todos— ya la distingue. La ambición es inconfundible y está reformulando cómo puede verse una metrópolis moderna.