La posta neumática de Praga: historia, funcionamiento y futuro

Praga y su posta neumática: la red secreta bajo tierra
By A.Savin - Own work, FAL, Link

Descubre la sorprendente posta neumática de Praga: una red de tubos subterráneos que movía cartas en minutos. Historia, auge, caída y si podría volver como atracción.

Di “Praga” y aparecen castillos de cuento, callejuelas medievales que serpentean y ese reloj célebre. Lo que casi nadie imagina es que, bajo esas losas, late una red auténtica de tubos del siglo XIX: la posta neumática. En la capital checa, las cartas viajaron literalmente sobre el aire, disparadas en cápsulas selladas por tuberías: un servicio real que funcionó durante más de cien años.

¿Qué es, exactamente?

La posta neumática de Praga fue un entramado de conductos que utilizaba aire comprimido para enviar pequeñas cápsulas con cartas y documentos. Abrió en 1889 y ofrecía una rapidez notable: un mensaje podía cruzar la ciudad en cuestión de minutos.

Cómo funcionaba

Los ingenieros tendieron unos 55 kilómetros de tuberías metálicas bajo las calles, con un diámetro aproximado al de una botella de plástico. En su interior, portadores compactos de hasta tres kilos se deslizaban impulsados por aire, como un soplido a través de una pajita. La red conectaba oficinas de correos, centros de trabajo, bancos y ministerios; los tubos incluso cruzaban el Moldava por los puentes. Con 24 estaciones, el sistema operaba con una fiabilidad que hoy sorprende por su regularidad.

Momentos clave

Durante la Segunda Guerra Mundial, la posta neumática ayudó a mover mensajes urgentes. En mayo de 1945, cuando los combates sacudían Praga, se enviaba información por la red hacia el edificio de la Radio, sitiado. En tiempos de paz, el sistema vivió su apogeo en los años setenta, con hasta un millón de mensajes al mes. Era práctico y, de algún modo, también un símbolo de estatus.

Qué salió mal

En 2002, Praga sufrió graves inundaciones. El agua anegó la maquinaria que aportaba el aire a la red y obligó a cerrar el servicio. Nunca volvió a ponerse en marcha.

¿Podría volver?

En 2011, el empresario checo Zdeněk Dražil compró todo el sistema. Su objetivo era restaurar al menos una parte y convertirla en atracción turística. La estimación rondaba los 5 millones de coronas checas, unos 200.000 euros. El plan sonaba sencillo: reparar una línea, mostrar a los visitantes cómo funcionaba y volver a lanzar cápsulas. Hasta 2021 no se había iniciado la restauración, y desde entonces no hubo más novedades.

Dónde estamos

Hoy los tubos siguen bajo Praga. Están fuera de servicio, pero no desmantelados: un pasado en pausa que la ciudad conserva bajo tierra. Si alguna vez renace, ofrecería una rara oportunidad de ver en directo lo que en su día fue el correo del futuro. Por ahora, la posta neumática permanece como una de esas tecnologías olvidadas más singulares, esperando en silencio su segundo acto, si la suerte acompaña.