Descubre el viaducto de Millau, el puente más alto del mundo en Francia: récords, diseño de Foster, historia, visitas, miradores y consejos para disfrutarlo.
En el sur de Francia, entre colinas y valles ondulados, se extiende un puente que hace algo más que unir dos orillas: enciende la imaginación. El viaducto de Millau bate récords y es una proeza técnica que merece verse al menos una vez.
El viaducto de Millau no solo es altísimo: ostenta el récord mundial de altura. Sus pilonos se elevan hasta 343 metros, por encima de la Torre Eiffel. La calzada cruza el valle del Tarn a unos 270 metros y, al atravesarlo en coche, la sensación roza el vuelo.
Con casi dos kilómetros y medio de longitud, el viaducto se compone de siete vanos, el mayor de 342 metros. Con unos 32 metros de ancho, canaliza el tráfico con fluidez en ambos sentidos. El arquitecto Norman Foster y el ingeniero Michel Virlogeux unieron fuerzas en un diseño que parece ingrávido y soporta cargas enormes: un equilibrio elegante, poco frecuente y claramente buscado.
Antes del viaducto, quienes viajaban del norte de Francia al Mediterráneo quedaban atrapados en los atascos de Millau, sobre todo en verano, cuando el tráfico podía pararse por completo. El nuevo paso deshizo ese cuello de botella: se integró en la autovía A75 y acortó de forma notable el trayecto.
La preparación llevó más de 13 años. Las obras empezaron en 2001 y concluyeron en 2004. La inauguración fue el 14 de diciembre y, dos días después, ya circulaban los primeros coches. El coste total rondó los 400 millones de euros.
El viaducto pronto fue mucho más que una carretera: se convirtió en un atractivo por sí mismo. Los visitantes llegan por las plataformas panorámicas, el centro de exposiciones y un sendero que discurre bajo el puente. Hay visitas guiadas, museos e incluso carreras especiales sobre el viaducto cada dos años. Cuesta marcharse sin la sensación de que la infraestructura también puede ejercer su propio magnetismo.
En 2006, el puente recibió un prestigioso galardón que lo reconocía como una estructura sobresaliente. Desde entonces, ha aparecido en revistas, ha salido en películas y figura con regularidad en listas de los puentes más llamativos del mundo.
Millau no es solo un modo de salvar un valle. Es un ejemplo claro de cómo la belleza, la utilidad y la tecnología pueden alinearse. Facilita la vida diaria de los habitantes, atrae visitantes y ofrece a los ingenieros una aspiración: proyectos así insinúan el perfil de las ciudades del futuro.
Si se encuentra por este rincón de Francia, no pase de largo. Aunque no sea ingeniero ni viajero con cámara, este viaducto consigue que uno afloje el paso y levante la vista. Obras así son escasas, y suelen quedarse en la memoria.