Las fuentes de Nueva York y las historias que esconden

Descubre las fuentes de Nueva York con historias insólitas: de Riverside Park a Bryant Park y la Pulitzer, arte y tragedias. ¿Se puede nadar en ellas?

En Nueva York, las fuentes son imposibles de pasar por alto: se alinean en muchas calles y plazas, animan los parques y regalan un chapuzón de frescor en los días de calor. Y, sin embargo, detrás de ese brillo laten historias que quizá no imaginamos.

Un matrimonio escandaloso y una muerte: la fuente de Robert Ray Hamilton

En Riverside Park, a la altura de la calle 76, se alza una fuente discreta dedicada a Robert Ray Hamilton. Fue un político destacado y pariente de Alexander Hamilton, y su historia terminó de forma trágica: su esposa lo engañó fingiendo un embarazo y después quedó implicada en un homicidio. El propio Hamilton murió en circunstancias extrañas en Wyoming. La fuente se inauguró tras su fallecimiento, en 1906: una señal sobria para una vida que se deshilachó a la vista de todos.

Una modelo con destino doloroso: el Monumento a los Bomberos y Audrey Munson

Más al norte, en el mismo parque, cerca de la calle 100, el monumento a los bomberos luce una escultura para la que posó Audrey Munson, una de las modelos más célebres de principios del siglo XX. La conocieron como la Venus americana y prestó su imagen a numerosas obras por toda la ciudad. Su propia vida, sin embargo, acabó en un hospital psiquiátrico, donde pasó más de 60 años. El contraste entre la admiración de la ciudad y su destino sigue resultando desconcertante.

Homenaje a una mujer formidable: la fuente de Bryant Park

En el extremo sur de Bryant Park se alza una fuente en honor de Josephine Shaw Lowell, una mujer que luchó por los más desfavorecidos y por la justicia social. Fue el primer monumento de la ciudad dedicado a una mujer. En invierno, la escarcha se aferra al granito y le da un aire particular, como si la piedra repasara sus recuerdos.

Cuando el arte no gusta a todos: la fuente Pulitzer

Junto a la entrada de la Quinta Avenida a Central Park, una fuente exhibe a Pomona, la diosa de la fertilidad. El escultor que trabajaba en la obra murió antes de que se completara. A una acaudalada mujer, Alice Vanderbilt, la estatua le desagradó tanto que cambió de habitación de hotel para no verla por la ventana: un recordatorio claro de que el arte público y el gusto privado chocan con frecuencia.

Entonces, ¿se puede nadar en las fuentes?

Algunas fuentes neoyorquinas incluso han hecho de piscina. En 1935, en Washington Square Park, se abrió el grifo expresamente para el baño. Hoy, en la mayoría de las fuentes de la ciudad, darse un chapuzón no está prohibido de forma expresa, pero las autoridades lo desaconsejan: el agua puede no ser la más limpia y el equipo se puede dañar. En ciertos lugares, como Bryant Park, bañarse está terminantemente prohibido.