La insólita historia del elefante sobre una panadería en Edimburgo

Descubre la insólita historia del elefante en Edimburgo (1705): alojado sobre una panadería en Fishmarket Close, las quejas del panadero y su gira por Escocia.

Si alguna vez pensaste que tus vecinos eran raros, espera a saber quién vivía un piso por encima de un panadero en Edimburgo en 1705: un auténtico elefante indio, enorme, ruidoso y, como pronto se comprobó, un vecino de lo más incómodo.

Hornos abajo, un elefante arriba

En noviembre de 1705, un panadero local llamado Adam Kerr presentó una queja ante el tribunal de la ciudad. Señaló que un hombre llamado Abraham Sever tenía, sobre la panadería, un elefante. Según su escrito, el animal derramaba agua sin parar y dejaba estiércol que se filtraba hacia el negocio. El techo, los hornos y las hogazas lo padecían. Cuesta imaginar amasar pan con un coloso viviendo justo encima.

El incidente ocurrió en Fishmarket Close, en el viejo centro de Edimburgo. Era un edificio residencial, y nadie esperaba un inquilino gigantesco llegado de la India.

¿Cómo acabó un elefante en Edimburgo?

Resulta que el elefante lo trajo el propio Abraham Sever. Su plan era mostrarlo al público a cambio de entrada. Incluso acudió al consejo municipal y obtuvo permiso oficial para esas exhibiciones, con la condición de destinar parte de la recaudación a los pobres.

Por entonces estaba de moda recorrer Europa con animales exóticos —monos, leones, elefantes—. La gente pagaba encantada por verlos. Pocos se detenían a pensar dónde pasaban la noche esas criaturas entre espectáculo y espectáculo.

¿Qué fue del elefante?

Unos meses después, en la primavera de 1706, se vio al elefante en una función en otra ciudad escocesa, en Hamilton Palace, ante una duquesa. Luego viajó más al norte y, según creen los historiadores, murió en la zona de Broughty Ferry, cerca de Dundee. Ahí terminó su recorrido escocés.

Qué pasó con la denuncia del panadero no está claro. Tal vez el elefante fue trasladado y el problema se apagó con su marcha; no han quedado registros de compensaciones ni de multas.

Por qué importa

No es solo una anécdota pintoresca. Retrata una ciudad de hace tres siglos: sin regulaciones modernas, con convivencias improbables y pocas trabas a lo que podía alojarse en casa. Hoy resultaría impensable; entonces era un día más en Edimburgo.