Descubre el lado oculto del metro de Nueva York: andenes clausurados, estaciones fantasma, pasillos secretos, arte público y bares escondidos. Léelo ahora.
El metro de Nueva York mueve a millones cada día. Es ruidoso, veloz y, a ratos, poco amable. Sin embargo, bajo ese trajín late otro mundo: andenes clausurados, túneles veteranos, pasillos secretos e incluso bares a los que nadie llega por casualidad. Para quien mira con atención, el sistema deja de ser solo transporte y se convierte en una aventura silenciosa.
Bajo el legendario Waldorf Astoria se esconde un andén cerrado conocido como Track 61. En su día sirvió para trenes que trasladaban a invitados de alto perfil; la idea era que, por ejemplo, un presidente pudiera llegar sin llamar la atención. El andén sigue ahí, pero está fuera del alcance del público.
Cerca de 370 Jay Street solían detenerse trenes especiales, los llamados “trenes del dinero”, para mover fichas del metro por toda la red. Aquella etapa terminó en 2006, cuando las fichas se retiraron. Los lugares están sellados y en gran parte olvidados, aunque la historia permanece.
La estación 190th Street es de las más profundas de la ciudad, a casi 43 metros bajo tierra. Durante la Guerra Fría se planteó convertirla en refugio antiaéreo. Más tarde surgió un plan de modernización, pero en 2024 el proyecto quedó en pausa.
Grand Central Terminal no es solo un referente, es un laberinto. Una extensa red de pasajes subterráneos, construida en los años noventa, conecta la terminal con las calles aledañas, decorada con mosaicos y ascensores. Al recorrerlos, se percibe cómo la red respira más allá del gran vestíbulo.
Algunas estaciones ya no reciben trenes. City Hall, Worth Street, 91st Street y otras permanecen a oscuras, vestigios de trazados anteriores. Con algo de ojo aún se distinguen desde el vagón: señales discretas del pasado del metro.
Bajo la ciudad hay túneles construidos para todo menos para el viajero cotidiano: para carga, para animales, para servicios. Algunos canalizaban ganado hacia los mataderos, los llamados “cow tunnels”. Ahora están cerrados, pero muchos siguen ahí, fuera de la vista.
El sistema también funciona como galería. A través de MTA Arts & Design, muchas estaciones exhiben mosaicos y esculturas de artistas reconocidos, entre ellos Yoko Ono y Nick Cave. Y hay hallazgos menos obvios: bares de verdad escondidos en pasillos. Sitios como Nothing Really Matters o La Noxe operan como locales en regla, aunque dar con ellos no es tarea fácil.
Porque el metro de Nueva York es más que trenes y transbordos. Es una crónica subterránea viva: pasillos presidenciales, andenes en desuso, arte público y, sí, cócteles junto a las vías. No sorprendería que algún día se organicen recorridos por estos recovecos ocultos; el interés por ellos no deja de crecer.