Descubre el taco más caro del mundo en Frida, Grand Velas Los Cabos: $25.000. Ingredientes de lujo y tequila Ley .925. Cómo pedirlo y quién lo pide hoy.
Di taco y la mayoría imagina comida callejera: una tortilla caliente, un enredo de carne, salsa y hierbas que se come de pie. Cabo San Lucas cambia esa imagen. Allí, un taco puede costar tanto como un coche nuevo: 25.000 dólares. No es un mito.
El taco más caro del mundo se sirve en Frida, el restaurante del resort Grand Velas Los Cabos. Es un terreno de juego para quienes prefieren la vida con dosis de lujo. Hay una condición: alojarse en la Suite Presidencial y dejar un depósito de 12.500 dólares. Solo entonces el chef empieza a prepararlo. La exclusividad forma parte de la receta.
El creador es Juan Licerio Alcala, chef ejecutivo del hotel. Su objetivo fue sorprender a los huéspedes y demostrar que algo familiar puede elevarse a pieza de exhibición —a un precio muy empinado—. La idea parece pensada para deslumbrar tanto como para alimentar.
La lista es abiertamente fastuosa: carne Kobe, célebre por su ternura y su precio; cigala; caviar Almas Beluga, de los más raros y caros; Brie; y trufas blancas y negras. Incluso la tortilla va espolvoreada con oro auténtico.
El taco llega con una salsa a base de chile picante, tequila raro y café de civeta —producido de una manera particular y considerado de los más caros del mundo—. Un maridaje que se inclina sin pudor hacia la extravagancia.
El restaurante también ofrece el tequila Ley .925 Pasión Azteca, que puede costar hasta 150.000 dólares. Se sirve desde una llamativa botella con acabados en plata e incluso diamantes: más objeto de lujo que simple destilado.
Evidentemente, no es un taco para todos. Seduce a quienes buscan destacar, señalar estatus o vivir algo verdaderamente único. No es tanto una comida como una ocasión: de esas que se cuentan, se publican y se recuerdan.
La ciudad ha sido desde hace tiempo favorita de ricos y famosos. Piense en playas privadas, hoteles suntuosos y discreción. En ese entorno, un taco de 25.000 dólares no desentona; casi parece esperado.
Es más que comida: es una forma de decir que puedes permitírtelo. El plato invita a la sorpresa, al debate, incluso a un toque de admiración. Y aunque nunca lo pruebes, la historia funciona como un recordatorio de cómo lo ordinario puede volverse extraordinario al cubrirlo con una generosa capa de lujo.