Descubre la Elfstedentocht, el maratón sobre hielo de Frisia: historia, ruta de las Once Ciudades y el clima que marca una tradición en los Países Bajos.
Cada invierno en los Países Bajos, una carrera singular regresa a la conversación pública. Es la Elfstedentocht, un maratón que no se celebra desde hace casi treinta años porque depende de algo cada vez más esquivo: una helada en condiciones. Aun así, muchos mantienen la convicción de que algún día el hielo volverá a ser lo bastante sólido y la cita renacerá. Cuesta no ver en esa espera una mezcla de nostalgia y tenacidad muy propias del país.
Elfstedentocht significa Ruta de las Once Ciudades. Recorre casi 200 kilómetros por canales y ríos helados en la provincia septentrional de Frisia. Los patinadores salen y llegan a Leeuwarden y, en el camino, atraviesan otras diez ciudades.
La prueba reúne a deportistas de élite y a aficionados de a pie. Pero ni una preparación a conciencia ni un permiso de salida bastan por sí solos: la auténtica juez es la meteorología.
Para organizar la Elfstedentocht, el hielo debe tener al menos 15 centímetros de grosor en todo el recorrido. Esa cobertura no aparece cada invierno. Desde 1909, la carrera se ha disputado solo 15 veces, la última en 1997.
Con inviernos hoy más templados, las condiciones idóneas escasean. Incluso unos pocos días de heladas pueden no bastar para asegurar el circuito completo.
Cada año que pasa intensifica la espera. Los inviernos en los Países Bajos ya no son tan fríos como antes y, en las últimas décadas, el tiempo necesario ha sido raro. Es una constatación que pesa en el ambiente.
Aun así, los organizadores no tiran la toalla. El sitio oficial de la Elfstedentocht detalla el recorrido y la historia de la prueba, y la asociación responsable vigila el tiempo cada temporada. Si llegara un episodio de frío de verdad, el inicio se anunciaría con antelación y el país volvería a estar pendiente.
Para los neerlandeses, la Elfstedentocht es más que una carrera de patinaje: es un momento nacional. Cuando el hielo se declara apto y se convoca el evento, el país se detiene. La gente pide días libres, las escuelas cierran y las audiencias siguen a los patinadores por televisión. A lo largo del trayecto, miles de personas reparten bebidas calientes y convierten el recorrido en una celebración compartida.
La historia de la carrera está llena de episodios vívidos. En 1963, el frío brutal y el viento fuerte obligaron a casi todos a abandonar: de 10 000 participantes, solo 69 cruzaron la meta. Aquella edición se recuerda como la Carrera Infernal. En cambio, 1985 fue tranquila y miles llegaron sin contratiempos. Momentos como estos alimentan la leyenda.
Es difícil saber si la Elfstedentocht volverá a desplegarse sobre hielo. Científicos y meteorólogos señalan que los inviernos tan gélidos como los de antes son cada vez menos comunes. Aun así, los organizadores y miles de seguidores mantienen la esperanza de que el tiempo abra una ventana, el hielo se asiente y el país vuelva a escuchar el anuncio de que la carrera se celebrará.