Exploramos cómo las bebidas reflejan cultura e identidad: del sake japonés reconocido por la UNESCO al té, teh tarik, tuak y clásicos europeos. Origen y sabor.
Las bebidas son algo más que un sorbo para apagar la sed. A menudo se convierten en emblemas de un país, de su historia y de sus hábitos. En cada vaso se intuyen el clima, la tradición y el carácter nacional. A veces ese significado cala tan hondo que una bebida se trata como patrimonio cultural. En 2024, el sake japonés fue incorporado a una lista de la UNESCO como un valor para el mundo entero.
En muchos países, las bebidas tienen un peso especial. No son solo refrescos cotidianos, sino también piezas de fiestas y rituales. En los países islámicos el alcohol está prohibido, lo que ha favorecido tradiciones distintivas sin alcohol. En otros lugares, el alcohol se convirtió en una señal de hospitalidad y celebración. Es difícil no ver que estas elecciones hablan tanto de valores como de gustos.
El sake es conocido en todo el mundo, pero en Japón tiene un significado particular. Aparece en ceremonias religiosas y celebraciones familiares. En 2024, la UNESCO reconoció la elaboración del sake como patrimonio cultural inmaterial de la humanidad. Pocas bebidas parecen estar tan íntimamente ligadas a su lugar de origen.
El té es un ejemplo claro de cómo una bebida se despliega de forma distinta según la cultura. En el Reino Unido acompaña una tarde elegante con pastas y sándwiches. En Japón se convierte en una ceremonia disciplinada. En el Tíbet es té con sal y mantequilla, que ayuda a conservar el calor en las montañas frías. El contraste muestra cómo un mismo producto puede cargar sentidos muy diferentes según dónde se sirva.
En Malasia, el teh tarik —té con leche que se va vertiendo de una taza a otra para enfriarlo y espumarlo— goza de un afecto especial. A menudo se describe como la bebida nacional oficiosa del país, y existe una solicitud para reconocerlo como parte del patrimonio cultural.
Mientras tanto, en Indonesia y en partes de Malasia es habitual el tuak: una bebida alcohólica elaborada con savia de palma o arroz. Está directamente vinculada al entorno local y a las tradiciones rurales, dos caminos que revelan el carácter de la región desde ángulos distintos.
Europa ofrece un repertorio amplio de bebidas nacionales. Francia es conocida por el Champagne, Portugal por el Oporto, los Balcanes por la rakija y Rumanía por la țuică. Hace tiempo que dejaron de ser un simple refresco para convertirse en parte de la imagen de cada país. En algunos casos, incluso están protegidas por ley como productos de origen único.
En todo el mundo crece la preferencia por bebidas con historia y un vínculo claro con su procedencia. El sabor sigue contando, pero también los ingredientes y los métodos que hay detrás del vaso. Gana interés la sostenibilidad y el uso de productos locales: el origen y el proceso recuperan su lugar junto al gusto.
Los retos están ahí. La producción en masa puede simplificar recetas y vaciar autenticidad, mientras que parte de la tradición corre el riesgo de desvanecerse a medida que se transforman los modos de vida. Por eso, preservar y desarrollar recetas distintivas sin perder su significado cultural resulta especialmente importante hoy. El futuro de estas bebidas depende de mantener ese equilibrio.