Descubre la rana de Gardiner en Seychelles: un anfibio minúsculo que oye con la boca. Historia, evolución, hábitat y amenazas de una especie única de Seychelles.
Más allá de las playas de postal y las tortugas gigantes, Seychelles guarda una sorpresa que no se ve a simple vista. Entre la maraña húmeda del bosque nuboso vive una criatura tan diminuta que es fácil pasarla por alto: la rana de Gardiner, una de las más pequeñas del planeta. Y su rareza no termina en el tamaño: este anfibio oye con la boca. Y, francamente, suena tan extraño como parece.
Los adultos apenas alcanzan los 11 milímetros de largo, menos que una uña del meñique. Solo habitan dos islas del archipiélago, Mahé y Silhouette, y únicamente en zonas montañosas cálidas y húmedas. El aspecto es discreto: marrón, con una fina franja oscura a lo largo del cuerpo. La historia, en cambio, dista de ser común.
Lo más desconcertante es que carece de oído medio, la estructura que suele permitir a muchos animales, humanos incluidos, captar los sonidos. Durante mucho tiempo, ni los investigadores estaban seguros de que pudiera oír.
Para comprobarlo, colocaron diminutos altavoces en su hábitat y reprodujeron sonidos. La rana reaccionó. Después, radiografías de la cabeza tomadas con equipos científicos potentes revelaron lo que ocurría: el sonido entra por la boca, se amplifica allí y viaja a través del hueso hasta el oído interno.
En pocas palabras, la boca funciona como una antena acústica que le permite oír sin un oído convencional. Es un arreglo excepcionalmente raro en la naturaleza.
No se conoce otra especie de rana que oiga de esta manera. Los científicos consideran que esto fue posible porque evolucionó aislada en un mismo lugar durante decenas de millones de años. Seychelles se separó de otras masas de tierra hace mucho, y la vida en las islas siguió sus propias reglas, inconfundibles.
El hallazgo subraya hasta qué punto la adaptación puede tomar caminos inesperados. Incluso en un cuerpo tan pequeño, la naturaleza esconde acertijos científicos: un recordatorio discreto de que la evolución guarda más recursos de los que solemos suponer.
Con toda su singularidad, la rana de Gardiner está en riesgo. Su área de distribución es mínima, y cualquier cambio en el clima o la llegada de especies invasoras podría perjudicarla. Organizaciones internacionales ya la catalogan como amenazada de extinción.
Incluso hay quien sugiere que las poblaciones de distintas islas han empezado a divergir —tal vez sean ya varias especies distintas—, y todas necesitan protección.