Guía de Túnez en diciembre: clima en el Sahel y el desierto, qué esperar de las temperaturas, consejos de equipaje y el Festival del Desierto de Douz.
Mencionar Túnez en diciembre dibuja una estampa curiosa: África sugiere calor, pero sigue siendo invierno. Y cuando surge la palabra “Sahel”, la imaginación convoca dunas y caravanas. En realidad, la historia va por otro lado, y justo ahí está la sorpresa.
Para empezar, una idea clave: el Sahel en Túnez no es desierto; es la franja costera del país, hogar de destinos como Sousse, Monastir y Mahdia. Allí esperan el mar, las palmeras y el ritmo reconocible de unas vacaciones junto a la orilla, solo que sin el sofoco del verano.
El Sáhara de verdad empieza mucho más al sur, cerca de las fronteras con Libia y Argelia. Así que, si tu destino es el Sahel, no pienses en mares de arena: piensa en costa, no en dunas.
En el Sahel, diciembre se mantiene templado: durante el día las temperaturas suelen moverse entre 12°C y 18°C, y por la noche rondan los 9–12°C. Caen chubascos breves, pero el sol aparece a menudo. El agua está demasiado fría para bañarse con comodidad; en cambio, invita a pasear sin prisas.
En el desierto del sur de Túnez, los días también pueden resultar agradables, sobre todo con cielos despejados. En cuanto cae el sol, el frío se hace notar: las noches pueden bajar hasta alrededor de 5°C o menos. Ese vaivén entre día y noche es propio del clima desértico.
A veces se oye hablar, con cierta épica, de brumas al amanecer deslizándose sobre las dunas. Suena sugestivo, pero es difícil encontrar informes fiables de esas nieblas en Túnez en diciembre. Con aire seco y poca humedad, la niebla allí es más bien la excepción que la norma.
Cada final de diciembre, la ciudad de Douz, a las puertas del Sáhara, celebra el Festival del Desierto. Es un auténtico espectáculo: carreras de camellos y caballos, música y baile, trajes tradicionales y artesanía local. Con ese conjunto de detalles se obtiene una estampa vívida de la vida del desierto.
Si buscas un invierno tranquilo junto al mar, el Sahel encaja. Hay calma, la afluencia turística se reduce y el alojamiento suele ser más barato que en verano.
Si te atrae el desierto, diciembre es una elección sensata: no hace calor y moverse resulta más fácil. Conviene tener en cuenta el frío nocturno, sobre todo si planeas dormir en otro lugar que no sea un hotel.
Túnez en diciembre no abrasa ni hiela. En la costa, el invierno es suave; en el desierto, los días se mantienen templados mientras las noches se vuelven frías. Con menos turistas y otro ritmo, el paisaje gana una calma particular. Es un buen momento para conocer Túnez sin prisas ni estridencias.