Descubre quién es Joulupukki frente a Santa Claus, dónde vive en Laponia (Korvatunturi y Rovaniemi) y por qué su nombre importa a Finlandia y al turismo.
Cuando llega diciembre, la Laponia finlandesa se transforma en un auténtico escenario navideño. Las luces titilan, la nieve apaga los ruidos, el aire huele a canela y pan de jengibre, y aparece la figura de barba blanca con abrigo rojo. Pero hay un matiz decisivo: ¿los habitantes lo llaman Santa Claus o Joulupukki? En Finlandia, no es solo una cuestión de palabras; habla de tradición, de cultura y, en cierta medida, de negocio.
Joulupukki no es simplemente un “Santa finlandés”. Su nombre se traduce como Cabra de Navidad, y su aspecto original era muy distinto. En tiempos pasados, Joulupukki podía incluso resultar inquietante: una persona con piel de cabra que llamaba a las puertas y pedía obsequios. Con el tiempo se suavizó y se convirtió en un generoso repartidor de regalos.
Hoy es un anciano jovial, de barba blanca y ropa roja, que trae presentes a los niños. Aun así, mantiene rasgos propios: habla finés, habita los bosques de Laponia y su imagen conserva la huella de las costumbres locales.
Santa Claus es conocido casi en todas partes. Su imagen moderna se moldeó en gran medida en Estados Unidos y Europa, y la publicidad y el cine ayudaron a difundirla. Entrega regalos, vuela en un trineo tirado por renos y, según la leyenda, vive en el Polo Norte.
En Finlandia, en cambio, el tono es otro. Allí están convencidos de que el verdadero mago de las fiestas vive con ellos. Y el nombre importa: lo llaman Joulupukki.
Joulupukki tiene dos ‘hogares’. El primero es el mítico Korvatunturi, un monte en la frontera con Rusia. Se considera su residencia auténtica, pero llegar es casi imposible: la zona está protegida y se necesita permiso.
El segundo está en la ciudad de Rovaniemi, en Laponia. Allí, un Santa Claus Village recibe a visitantes de todo el mundo. Se puede saludar a Joulupukki en persona, enviar cartas desde su oficina postal e incluso verlo en su residencia. Y aunque el lugar se parece mucho a una aldea de Santa, los finlandeses insisten en que es el mismo Joulupukki, solo que presentado de forma más moderna.
Para Finlandia, Joulupukki es más que un personaje de cuento. Forma parte del tejido nacional, es un símbolo de las fiestas de invierno y también una fuente de ingresos: miles de turistas llegan por él.
Al mismo tiempo, el país cuida lo que lo hace único. No quieren que Joulupukki se convierta en un calco de Santa. Por eso, en textos oficiales, a menudo se afirma que Santa Claus también es conocido como Joulupukki, una manera de señalar que aquí el nombre auténtico es Joulupukki. El matiz puede parecer pequeño, pero protege un relato que no están dispuestos a perder.
Finlandia parece haber encontrado su propio camino. Joulupukki se mantiene cercano y distintivo, mientras que la imagen de Santa facilita que los visitantes comprendan la celebración. No se percibe como una batalla, sino como una convivencia tranquila. El país conserva lo suyo y comparte con gusto el espíritu navideño con el mundo.
Cuando un niño en Rovaniemi se acerca al anciano amable de traje rojo, el nombre pasa a segundo plano. Lo que cuenta es la ilusión. Para Finlandia, en cambio, el nombre pesa: detrás hay una historia entera que quieren mantener viva.