Descubre los qanats de Teherán: túneles de agua milenarios bajo la ciudad. Historia, pistas sobre su red oculta y por qué preservar este patrimonio importa.
Bajo el tráfico, debajo del asfalto de la ciudad, entre rascacielos y bloques de concreto de Teherán, puede esconderse un fragmento olvidado del pasado. No es ficción ni leyenda. Irán dependió en su día de un asombroso sistema de canales subterráneos de agua —los qanats— que llevaron agua mucho antes de las tuberías y bombas modernas. Hoy apenas quedan vestigios dispersos y la mayoría pasa inadvertida.
Un qanat es un túnel subterráneo que desciende desde las montañas hacia las zonas habitadas. Se traza con una pendiente suave para que el agua fluya por gravedad —sin bombas ni electricidad—. Los pozos verticales a lo largo del recorrido permiten su limpieza e inspección. El sistema se ideó en Persia hace más de 3.000 años.
En el clima árido de Irán, estos canales fueron un salvavidas. Garantizaron agua potable y sostuvieron los cultivos. En algunos pueblos siguen funcionando —y, lo más llamativo, siguen siendo eficaces—.
Sobre ese punto no abunda la información pública. Las fuentes abiertas no aportan mapas ni pruebas firmes de una gran red bajo la capital. Aun así, persisten algunas pistas. En Sohanak, al noreste de la ciudad, todavía se habla de varios qanats que en su día abastecían de agua para beber y regar. Eso sugiere que fuentes subterráneas similares también sirvieron a Teherán.
No es solo cuestión de historia. Los qanats forman parte de la cultura y el patrimonio de Irán, y la UNESCO ha reconocido su valor universal. En las zonas rurales los túneles siguen en uso, ayudando a conservar el agua pese al calor y a las escasas lluvias.
En las grandes ciudades como Teherán, el panorama es distinto. Los qanats han ido desapareciendo: unos quedaron sepultados por las obras, otros se olvidaron, y a otros se les consideró prescindibles. En plena escalada de estrés hídrico, eso se percibe como la pérdida de un recurso discretamente práctico y, cabe decir, como una oportunidad desaprovechada.
Sí. El primer paso es registrar lo que queda: hablar con los vecinos de toda la vida, estudiar mapas antiguos, rastrear archivos. Es posible que tramos de estos canales sigan tendidos bajo tierra, invisibles desde hace años. Igual de importante es contar la historia a un público más amplio: sin interés ni apoyo, estas huellas tienden a borrarse.
Los qanats recuerdan que, ante condiciones duras, la gente supo encontrar soluciones inteligentes y sencillas.
Si Teherán quiere mantener el vínculo con sus raíces, quizá deba empezar por los cimientos: el suelo que pisamos.