Islas que se desvanecen: mitos, errores y evidencia científica

Islas que desaparecen: de Atlántida al mundo real hoy
By David Broad, CC BY 3.0, Link

De la Atlántida a Sandy Island y East Island: exploramos islas que desaparecen por erosión, tormentas y errores de cartografía. Ciencia y mito frente a frente.

Atlántida. La sola palabra evoca la imagen de una civilización perdida tragada en una noche. Suena a fábula, y en esencia lo es. Lo llamativo, sin embargo, es que hoy las islas de verdad desaparecen. No en los mitos, sino en el mundo que habitamos. La realidad, como casi siempre, resulta más enrevesada que las leyendas.

Un fantasma en el mar Caspio

A comienzos de 2023, una pequeña isla emergió sin aviso en el mar Caspio. No figuraba en ninguna carta náutica y nadie la construyó: surgió tras una erupción del volcán de lodo Kumani Bank. Científicos de la NASA la detectaron en imágenes satelitales. La alegría, sin embargo, duró poco: a finales de 2024, la isla había vuelto a desaparecer. El agua de mar fue royendo su superficie frágil hasta dejarla casi en nada.

No era la primera vez que la naturaleza alumbraba una isla para luego reclamarla. Aun así, el episodio dejó la sensación de un recordatorio discreto: cuesta no leerlo como un aviso de lo frágil que puede ser una tierra recién nacida.

Errores de cartografía: islas que nunca existieron

A veces las islas desaparecen solo en el papel. Durante décadas, Sandy Island figuró en los mapas entre Australia y Nueva Caledonia. Cuando investigadores navegaron hasta esas coordenadas, solo encontraron mar abierto. Al final se demostró que era un error antiguo que se arrastró durante años, hasta que la isla fue borrada oficialmente de las cartas.

Una historia similar rodea a Bermeja, una isla en el golfo de México. Se la registraba desde el siglo XVI, pero las herramientas modernas nunca lograron hallarla. Que haya existido o no sigue sin aclararse; probablemente fue otro fallo cartográfico.

Cuando una isla sí desaparece

También hay islas que se esfuman de verdad. En 2018, un huracán destruyó East Island, cerca de Hawái. No se hundió de golpe, pero el daño fue irreversible: la tierra quedó casi borrada.

Los culpables varían: tormentas, erosión, ascenso del nivel del mar. Todo está ocurriendo aquí y ahora. Los ejemplos se multiplican, y algunas islas antes habitadas ya se han vuelto inhabitables. No es un error de mapa: es un hecho difícil de rebatir.

El mito persiste, pero con otro rostro

Las leyendas de la Atlántida siguen agitando la imaginación. En la realidad, el guion es distinto. Las islas no desaparecen de la noche a la mañana, y desde luego no con ciudades enteras; pero sí retroceden ante el mar. En ese punto hay poco margen para la duda.

Hoy, las islas que se desvanecen son menos mito que prueba. Ya no pertenecen a la fantasía, sino al trabajo cotidiano de geólogos, climatólogos y de todos los que vigilan cómo cambia el mundo natural.

¿Habrá una nueva Atlántida?

Quizá. Solo que no sería una leyenda, sino otra isla del Pacífico o del Índico deslizándose poco a poco bajo el agua. Cada vez más, se habla de esto como una amenaza tangible, sobre todo para países y comunidades que viven en costas bajas.

Ya no buscamos la Atlántida. Observamos cómo la tierra se retira y nos hacemos una pregunta directa: ¿quién sigue? Esto no va del pasado, sino de lo que se despliega ante nuestros ojos.