Descubre cómo la Universidad de Haifa explora la arqueología subacuática del Mediterráneo: barcos y puertos perdidos, con tecnología 3D para revelar historia.
Haifa es bastante más que una gran ciudad israelí con un puerto bullicioso y vistas al mar. A pocos metros de la costa, el agua podría estar ocultando un verdadero tesoro histórico. Allí donde las olas del Mediterráneo rompen al pie del monte Carmelo, el fondo marino guarda vestigios de una antigüedad profunda —desde la Edad del Bronce hasta la época de las conquistas árabes—. Los investigadores están convencidos de que este tramo de litoral puede revelar mucho sobre quienes vivieron aquí hace miles de años, y ya han empezado a comprobarlo.
La franja costera de Haifa se sitúa en un cruce de antiguas rutas comerciales. En otro tiempo llegaban barcos desde puertos remotos, y los especialistas sospechan que algunos nunca volvieron a hacerse a la mar. También podrían yacer muy cerca de la orilla restos de antiguos puertos y estructuras costeras, preservados por el tiempo y la arena.
El Instituto de Estudios Marítimos de la Universidad de Haifa lidera el trabajo. Sus equipos operan en tierra y bajo el agua, con buceo, cámaras sumergibles y modelado computacional. En los próximos años está previsto que abra un Centro Nacional de Arqueología Marítima en el propio puerto de Haifa, un espacio dedicado a reunir, estudiar y conservar todo lo que se recupere del fondo marino. El plan apunta a un esfuerzo de largo aliento, no a una expedición relámpago.
La arqueología subacuática dista mucho de rebuscar monedas en la playa. Durante siglos, el mar ha desplazado sus límites; la arena ha sepultado infinidad de huellas; las corrientes y la sal erosionan todo cuanto tocan. Además, Haifa es hoy un puerto de gran actividad, con obras y maniobras constantes, lo que complica los reconocimientos minuciosos. El trabajo debe avanzar con método y cautela: la paciencia forma parte del oficio.
Por ahora hay poca información pública sobre hallazgos frente a Haifa. Sin embargo, a lo largo de la costa israelí ya se han documentado partes de naves antiguas, anclas viejas y fragmentos de obras portuarias. Ese registro sostiene las expectativas para la zona de Haifa.
De momento, lo esencial es la preparación: levantar laboratorios, desarrollar nuevas técnicas, formar estudiantes y crear modelos informáticos de posibles yacimientos. A medida que surjan oportunidades, los equipos prevén intensificar el trabajo de campo, en particular a lo largo del litoral de Haifa. Un buen trabajo de base suele determinar la calidad de lo que viene después.
El mar conserva historia. En el fondo pueden reposar pruebas de cómo vivían las personas en distintas épocas, qué comerciaban, cómo levantaban sus puertos y cómo eran sus barcos. Haifa tiene un potencial enorme: fue un lugar importante hace muchos siglos, y la evidencia podría estar justo bajo nuestros pies (o bajo el agua).
Estas investigaciones también ayudan a entender cómo ha cambiado el mundo. No es una historia solo para especialistas; interpela a cualquiera con curiosidad por el origen de lo que somos. Al fin y al cabo, forma parte de un pasado humano compartido.
Hoy Haifa se siente como un gran laboratorio al aire libre. La investigación avanza, se perfilan nuevos centros y quizá los próximos hallazgos no estén lejos. Ya entran en juego herramientas modernas: cartografía del fondo marino, modelos 3D y, con el tiempo, quizá incluso inteligencia artificial para reconocer y restaurar objetos históricos.
Importa que los resultados no queden encerrados en los laboratorios. Los investigadores planean difundir ampliamente lo que encuentren —mediante recorridos virtuales, exposiciones en línea y publicaciones—. Incluso sin viajar a Haifa, será posible “sumergirse” en su pasado marítimo sin levantarse del sofá.
Haifa no es solo una ciudad de puertos y playas. Es un lugar donde puede yacer, oculta bajo el agua, una historia olvidada, y quizás estemos justo en el umbral de descubrirla.