Descubre qué es el kintsugi: técnica japonesa de reparar cerámica con oro y filosofía mottainai. Desmentimos el mito de senju y cómo valorar lo usado.
Nos hemos acostumbrado a desprendernos de las cosas con facilidad. Cuando algo se rompe, lo tomamos como una señal para reemplazarlo: un teléfono nuevo, ropa nueva, vajilla nueva. En Japón, la mirada es distinta. Si un objeto ha compartido un tramo de tu vida, se entiende que se ha ganado el derecho a quedarse, no a terminar en la basura.
A veces se escucha que en japonés existe una palabra, senju, que supuestamente designa el arte de respetar las pertenencias antiguas. No es del todo cierto. La palabra existe, sí, pero significa otra cosa: puede aludir a mil manos en la imaginería religiosa o ser el nombre de un personaje de anime. No hay un significado confirmado de senju como respeto por lo viejo.
Sí hay, en cambio, un arte genuinamente japonés que expresa con claridad ese enfoque: kintsugi.
Kintsugi es una técnica de reparación de cerámica que une los fragmentos con una laca especial mezclada con polvo de oro o de plata. En lugar de ocultar las grietas, las subraya. El resultado es más que una taza restaurada: funciona como un registro de uso; aquí resbaló, allí fue cuidada. Cada unión cuenta lo que el objeto ha atravesado.
Pero kintsugi no trata solo de vajilla. Es una actitud ante las cosas: roto no equivale a perdido. Paradójicamente, reparar puede volver un objeto más valioso. Se vuelve único porque carga tiempo y memoria.
En Japón, se procura no desechar lo que todavía puede servir. Existe el concepto de mottainai, un pesar por el desperdicio. Se aplica a todo: comida, ropa, energía, incluso al tiempo.
Esa mentalidad empuja hacia el cuidado: de uno mismo, del entorno y de los objetos que nos rodean. La lógica resulta desarmantemente práctica.
Hoy, cada vez más personas fuera de Japón se interesan por el kintsugi. Llama la atención a primera vista, pero su atractivo está en lo que significa. En un mundo donde sustituir lo viejo por lo nuevo es sencillo, una filosofía de la reparación empieza a sentirse valiosa.
Kintsugi sugiere que cada objeto puede tener una segunda vida, y quizá una tercera. En esa idea hay respeto, una sabiduría tranquila y, tal vez, una pista para vivir de forma más simple y honesta: no tirar las cosas ante la primera grieta.
Aunque la palabra senju suene bien, no significa lo que muchos suponen; aun así, el impulso de honrar lo bien usado está muy presente en la cultura japonesa. Se llama de otras maneras y se expresa menos en palabras que en hábitos.
Remendar una taza con una costura dorada. Doblar con cuidado una camisa vieja. No tirar, conservar. No es solo cuestión de objetos; es una forma de relacionarse con la vida.