Descubre las leyendas y fantasmas de Santo Domingo: Casa del Tapao, Ciguapa y el Monasterio de San Francisco. Guía de recorridos nocturnos y folclore local.
Santo Domingo es la ciudad europea más antigua de América. Es un lugar donde la historia y el presente se entrelazan tanto, que el pasado parece aún al alcance de la mano. De día, los visitantes llegan por la arquitectura y la atmósfera; de noche, las calles y las ruinas cambian el bullicio por susurros de relatos antiguos y rumores de fantasmas.
Una de las leyendas más conocidas gira en torno a la Casa del Tapao. En tiempos coloniales vivió allí un hombre cuyo rostro nadie vio jamás. La gente lo llamó Tapao, que significa oculto. Unos decían que escondía una desfiguración, otros lo tomaban por un paria, y no faltaban quienes creían que estaba maldito. La historia aún pasa de boca en boca, y los guías la cuentan con gusto en los recorridos nocturnos por la ciudad. El misterio, más que cualquier certeza, es lo que mantiene viva esta narración.
El folclore dominicano está repleto de figuras enigmáticas.
• Ciguapa: mujer de pies volteados hacia atrás que atrae a los hombres hacia la montaña y se desvanece.
• Jupías: espíritus femeninos que aparecen en la sierra durante la noche.
• Biembienes: criaturas que dejan huellas como si caminaran hacia atrás.
• Galipote (Lugarú): cambiaformas capaz de convertirse en perro o incluso en árbol.
• El Cuco (o El Coco): espantajo para asustar a los niños díscolos.
• El Bacá: demonio que aparece tras un pacto con el diablo.
Estas figuras surgieron de una mezcla de creencias indígenas, tradiciones africanas y catolicismo. A medio camino entre el miedo y la enseñanza, recordaban que la noche oculta peligros y ofrecían una manera simbólica de explicar lo que no tenía explicación.
El Monasterio de San Francisco ocupa un lugar especial. Sus muros han sobrevivido a terremotos y guerras, y hoy sirven de telón de fondo para historias de monjes espectrales. En la Zona Colonial, casi cada edificio antiguo tiene algo que contar: arcos, murallas y callejones en sombra parecen hechos a la medida de relatos inquietantes. Ahí toman forma los recorridos vespertinos dedicados a leyendas y fantasmas.
La mística de la ciudad también encontró voz en la literatura. El conocido texto El vampiro negro: Una leyenda de Santo Domingo vincula la figura del vampiro con temas de historia y sociedad. La idea que deja entrever es que las leyendas no son solo historias para asustar; pueden servir para hablar de asuntos serios a través de símbolos.
Hoy, estas historias viven sobre todo en visitas guiadas. Los recorridos nocturnos suelen incluir menciones a la Casa del Tapao, la Ciguapa o el Bacá. Se vuelven especialmente populares en octubre, cuando se acerca Halloween.
Queda también una pregunta: ¿dónde termina la memoria verdadera y dónde empieza el susto comercial para visitantes? Los sitios oficiales no ofrecen un catálogo sistematizado de estas leyendas: circulan de boca en boca, entre blogs y esfuerzos privados. Un poco de escepticismo no las debilita; al contrario, afila su atractivo. Quizá ahí radique parte de su magnetismo.
Las leyendas de Santo Domingo no son solo entretenimiento. Contienen los temores y las esperanzas de generaciones pasadas, la memoria de tiempos difíciles, la huella de la religión y un legado cultural compartido. Detrás de figuras como la Ciguapa o el Bacá no hay únicamente cuentos populares, sino ideas sobre la fe y lo desconocido. Las paredes viejas de la ciudad se han convertido en guardianas de estas narrativas.
Un paseo nocturno por Santo Domingo es más que una mirada a su arquitectura: es un encuentro con una memoria que cobra vida en forma de leyenda. Las historias de la Casa del Tapao, el Monasterio de San Francisco y las criaturas míticas recuerdan que toda ciudad tiene su lado en sombra. Incluso si nunca se viaja a República Dominicana, el imaginario de fantasmas de la capital permite asomarse al pasado y muestra por qué estos relatos siguen contando.