Lugares del mundo en peligro: Yellowstone, Maldivas, Venecia y más

8 destinos en riesgo: visítalos antes de que desaparezcan
The Official CTBTO Photostream, CC BY 2.0, via Wikimedia Commons

Descubre 8 destinos en riesgo: Yellowstone, Maldivas, Venecia, Gran Barrera, Galápagos, Mar Muerto, Sahara y Alpes. Amenazas clave y esfuerzos de conservación.

Nuestro planeta está sembrado de lugares que quitan el aliento: paisajes de belleza rara, ecosistemas únicos y enclaves con una profundidad cultural difícil de igualar. Paradójicamente, muchos de esos destinos viven bajo la sombra de la desaparición. Lo que los hace irresistibles —su geografía singular y su naturaleza delicada— también los deja expuestos.

Desde la grandeza del Parque Nacional de Yellowstone, asentado sobre un supervolcán activo, hasta las tropicales Maldivas, amenazadas por el ascenso del mar, estos lugares se sitúan en la primera línea del cambio climático, los riesgos naturales y la presión humana. Admirarlos hoy implica aceptar lo frágil que se han vuelto.

Este reportaje reúne destinos en riesgo, explica por qué podrían desvanecerse y qué se está haciendo para protegerlos. Perderlos cambiaría nuestra forma de mirar el planeta. Salvaguardarlos no es solo un deber ambiental: es preservar una herencia compartida para quienes vendrán.

  • Parque Nacional de Yellowstone (EE. UU.)
  • Las Maldivas
  • Venecia (Italia)
  • Gran Barrera de Coral (Australia)
  • Islas Galápagos (Ecuador)
  • Mar Muerto (Israel, Jordania, Palestina)
  • Desierto del Sahara (África del Norte)
  • Estaciones alpinas (Europa)

Parque Nacional de Yellowstone (EE. UU.)

montañas, parque, árboles, cuerpo de agua

Extendido entre Wyoming, Montana e Idaho, Yellowstone atrae a millones con sus panoramas inmensos, maravillas geotérmicas y fauna abundante. Su encanto, sin embargo, descansa sobre uno de los supervolcanes más grandes del planeta: un riesgo latente que atraviesa la historia del parque.

La Caldera de Yellowstone es un cráter volcánico formado por erupciones antiguas. Debajo se esconde una enorme cámara magmática que sigue bajo estudio. Íconos como el géiser Old Faithful y las fuentes termales de colores son señales visibles de ese pulso volcánico.

El peligro principal es una posible erupción supervolcánica, con efectos de gran alcance: podría devastar amplias zonas dentro y alrededor del parque; las nubes de ceniza perturbarían el clima global en un “invierno volcánico”; incluso sin erupción, los sismos y cambios geotérmicos dañan ecosistemas e infraestructuras.

Por qué importa proteger. Yellowstone es más que un destino: es uno de los grandes tesoros naturales del mundo. Como parque nacional protegido, está bajo estrecha vigilancia científica para evaluar riesgos y reducir amenazas. El asombro que provoca va de la mano con la vigilancia que exige.

Las Maldivas

islas, océano, árboles

Dispersas en el cálido océano Índico, las Maldivas —26 atolones y más de 1.000 islas coralinas— son sinónimo de playas de postal, aguas cristalinas y resorts suntuosos. Esa misma geografía baja las vuelve extremadamente vulnerables.

Es el país más bajo del mundo: sus islas se elevan, en promedio, cerca de un metro sobre el nivel del mar. Solo ese dato lo sitúa entre los primeros en sentir el peso de la subida de los océanos.

La amenaza central llega del cambio climático.

Aumento del nivel del mar: los científicos prevén que el océano suba varios decímetros a final de siglo, dejando muchas islas inhabitables o directamente sumergidas.

Erosión costera: el oleaje constante devora playas y terreno.

Blanqueamiento de corales: el calentamiento del agua estresa los arrecifes que protegen las islas y debilita su defensa natural contra la erosión.

Inestabilidad ecológica: los cambios en los ecosistemas alteran la naturaleza y los ritmos tradicionales de la vida local.

Por qué importa proteger. Las Maldivas son paraíso viajero y ecosistema frágil a la vez. El gobierno impulsa la adaptación: desde islas artificiales hasta iniciativas sostenibles piloto. El mensaje es contundente: la supervivencia dependerá de cuán rápido se construya resiliencia.

Venecia (Italia)

canal, casas, barcos

Venecia —la ciudad sobre el agua— es una trama irrepetible de 118 islas unidas por canales y puentes. Su legado cultural y arquitectónico no tiene equivalentes, y su escenario acuático es tan cautivador como frágil.

En el noreste de Italia, frente al Adriático, la ciudad se alza sobre pilotes de madera en una laguna sujeta a mareas, tormentas y subsidencia.

Sus principales amenazas nacen del clima y las tensiones ambientales.

Aumento del nivel del mar: el calentamiento global eleva el Adriático y aumenta la exposición de Venecia a inundaciones.

Subsidencia: el hundimiento del terreno a largo plazo sigue bajando la ciudad.

Inundaciones frecuentes: los episodios de “acqua alta” se vuelven más comunes y dañan edificios históricos, puentes y monumentos.

Erosión y contaminación: los grandes barcos, el tráfico intenso en los canales y los problemas de calidad del agua aceleran el deterioro.

Por qué importa proteger. Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, Venecia es destino y símbolo. La ciudad actúa: el proyecto MOSE —barreras móviles para proteger la laguna de tormentas y mareas—, límites al turismo, incluida la restricción de visitantes y la prohibición de grandes cruceros, y restauraciones constantes para reforzar y salvar estructuras históricas. Lo que está en juego es tanto cultural como físico.

Gran Barrera de Coral (Australia)

Gran Barrera de Coral

Frente a la costa noreste de Australia, la Gran Barrera de Coral es el mayor ecosistema coralino del planeta y un escaparate de belleza natural. Con más de 2.300 kilómetros y miles de arrecifes e islas, deslumbra —y a la vez se vuelve más frágil.

Estas aguas tropicales alimentan el coral y una vida marina exuberante, pero la región sufre el calentamiento del mar, ciclones y cambios en el nivel oceánico.

El arrecife encara amenazas múltiples y acumulativas:

Blanqueamiento de corales: las temperaturas más altas estresan a los corales, que expulsan las algas simbióticas y palidecen. Más de la mitad de los corales del arrecife ya se han visto afectados.

Acidificación del océano: el aumento del CO₂ vuelve el agua más ácida y dificulta la formación del esqueleto coralino.

Contaminación: escorrentías agrícolas con fertilizantes y químicos degradan la calidad del agua y alimentan algas nocivas.

Ciclones frecuentes: el clima extremo golpea las estructuras coralinas y ralentiza su recuperación.

Especies invasoras: la estrella de mar corona de espinas devora corales y acelera el declive.

Por qué importa proteger. Es un motor biológico que sostiene innumerables especies marinas, estabiliza ecosistemas oceánicos y amortigua el oleaje en las costas.

Las acciones pasan por normas más estrictas de calidad del agua, la reducción de emisiones y la restauración activa: desde arrecifes artificiales hasta el cultivo de corales más resistentes al calor. El margen de error se estrecha.

Islas Galápagos (Ecuador)

océano, orilla, rocas

A unos 1.000 kilómetros de la costa ecuatoriana, Galápagos es un emblema vivo de biodiversidad, tan singular que contribuyó a perfilar la teoría de la selección natural de Darwin. Su aislamiento forjó su riqueza, y también acentúa su fragilidad.

Formado por actividad volcánica, el archipiélago incluye 13 islas principales y muchas menores. Especies endémicas —desde las tortugas gigantes y las iguanas marinas hasta los piqueros de patas azules— lo convierten en un imán para viajeros. El equilibrio entre acceso y conservación es una prueba constante.

Amenazas clave ponen en jaque ese equilibrio:

Cambio climático: el calentamiento del agua y la alteración de corrientes desordenan los ecosistemas, afectando corales, peces y aves.

Especies invasoras: animales introducidos por el ser humano —como ratas, gatos y cabras— dañan la flora y fauna nativas.

Turismo masivo: más visitas implican más presión, desde contaminación hasta perturbación de hábitats.

Sobrepesca: la pesca ilegal y excesiva amenaza el equilibrio marino.

Actividad volcánica: las erupciones en curso siguen remodelando los hábitats.

Por qué importa proteger. Galápagos es un laboratorio natural de evolución y procesos ecológicos: científicamente invaluable e irreemplazable.

Las medidas incluyen regular el turismo —cupos de visitantes y rutas—, promover el ecoturismo, erradicar especies invasoras y restaurar hábitats, ampliar reservas marinas para proteger sus aguas de la pesca y la contaminación, e invertir en educación ambiental para las comunidades locales. Aquí, la contención es una forma de cuidado.

Mar Muerto (Israel, Jordania, Palestina)

montaña, mar, sal

Entre Israel, Jordania y Palestina, el Mar Muerto es célebre por su salinidad, su flotabilidad y su belleza austera. Situado a unos 430 metros bajo el nivel del mar —el punto más bajo en tierra—, es tan extraordinario como vulnerable.

Este lago sin salida al mar se alimenta sobre todo del río Jordán. En un clima cálido y árido, la evaporación intensa supera el aporte de agua. La salinidad extrema lo hace casi carente de vida, mientras los minerales de su salmuera se valoran por usos terapéuticos.

El Mar Muerto se encoge con rapidez: su nivel desciende aproximadamente un metro al año. Los motores principales son:

Pérdida de caudales: gran parte del agua del Jordán se desvía para agricultura y consumo urbano en los países de la cuenca, reduciendo el aporte al lago.

Evaporación intensa: el calor acelera la pérdida de agua.

Actividad económica: la extracción de minerales (potasio, magnesio) estresa el sistema.

Dolinas: al retirarse el agua, se forman colapsos del terreno que vuelven peligrosas las áreas próximas para el desarrollo y el turismo.

Por qué importa proteger. Es refugio natural y referente cultural regional, con un magnetismo turístico y una industria minera que nutre la medicina y la cosmética. Las respuestas incluyen proyectos transfronterizos como el propuesto canal “Mar Rojo–Mar Muerto” para llevar agua, esfuerzos conjuntos para reducir extracciones del Jordán y normas ambientales más estrictas sobre la explotación y el turismo. Las decisiones aquí son inmediatas y determinantes.

Desierto del Sahara (África del Norte)

desierto, arena, vegetación

El Sahara, el desierto más grande del mundo, cubre alrededor de nueve millones de kilómetros cuadrados en el norte de África. Sus dunas inmensas, oasis, arte rupestre antiguo y paisajes desnudos fascinan a los viajeros. Aun así, los cambios climáticos y la actividad humana están transformando su singularidad.

Extendido por 11 países —entre ellos Marruecos, Argelia, Egipto y Túnez—, el Sahara es un mosaico de mares de arena, mesetas rocosas, salares y oasis dispersos. Con temperaturas que alcanzan los 50°C y lluvias escasas, sus ecosistemas son delicados por definición.

Lejos de ser inmutable, su entorno —y su promesa turística— encara riesgos serios:

Expansión del desierto (desertificación): el cambio climático y el uso excesivo del suelo para agricultura y pastoreo degradan los suelos y amenazan los oasis.

Variación de las lluvias: cambios en precipitaciones ya de por sí raras ponen en peligro las fuentes de agua y la vida en los oasis.

Erosión de dunas: el viento y el calentamiento reconfiguran paisajes emblemáticos.

Turismo y urbanización: el crecimiento rápido sin control riguroso añade presión a zonas frágiles, sobre todo alrededor de los oasis.

Pérdida de patrimonio cultural: las comunidades tradicionales del desierto pierden recursos y se ven empujadas a migrar, llevándose consigo modos de vida únicos.

Por qué importa proteger. El Sahara condensa grandeza natural y milenios de ecosistemas y culturas entrelazados. Las prioridades pasan por combatir la desertificación —restauración de suelos, reforestación y mejoras agrícolas—, un turismo sostenible que limite la presión sobre los puntos más sensibles y la cooperación regional para custodiar el desierto. Proteger el Sahara es tanto cuidar a su gente como al paisaje.

Estaciones alpinas (Europa)

montañas, cielo, nubes

Los Alpes, la mayor cordillera de Europa, atraviesan Francia, Suiza, Italia, Austria y Alemania. En invierno ofrecen esquí y snowboard de primer nivel; en verano, senderismo, escalada y naturaleza. Ese atractivo de altura depende de un clima que se desequilibra a ojos vista.

En la zona templada y alimentando a grandes ríos europeos, los Alpes combinan bosques, glaciares y praderas alpinas en un escenario ideal —un sistema que reposa en la nieve y en estaciones estables.

Las estaciones alpinas afrontan riesgos climáticos crecientes:

Retirada de los glaciares: el hielo mengua con rapidez y altera los ciclos hídricos y el abastecimiento de agua.

Menor cobertura nival: los inviernos más cálidos dejan menos nieve a baja cota y acortan las temporadas de esquí.

Laderas desnudas: sin nieve fiable, el paisaje pierde atractivo y sufre más erosión.

Dependencia de la nieve artificial: producirla incrementa el consumo de energía y agua y estresa los ecosistemas.

Más fenómenos extremos: lluvias intensas, avalanchas y el deshielo del permafrost amenazan la seguridad y las infraestructuras.

Por qué importa proteger. Los Alpes son motor turístico y regulador climático e hidrológico del continente. Las respuestas pasan por diversificar hacia un turismo de bajo impacto durante todo el año, reforestar, proteger glaciares y recortar emisiones, adoptar tecnologías más limpias en las estaciones y reforzar la cooperación transfronteriza ante el desafío climático. El futuro del viaje alpino —y de sus comunidades— depende de estas decisiones.