Guía práctica para viajar barato: cuándo y adónde ir, ahorrar en vuelos y transporte, elegir alojamiento, comer por menos y evitar comisiones al pagar
Muchos dan por hecho que viajar es caro. Pero con un poco de estrategia, se puede ver el mundo sin vaciar el bolsillo. El truco está en conocer unos cuantos movimientos inteligentes, y funciona.
Los precios varían mucho según la temporada. Si buscas ahorrar, evita picos como el verano y los festivos. La primavera y el otoño suelen ser el punto dulce: menos gente, tarifas más bajas y el clima acompaña.
La elección del destino también pesa. En lugar de Francia o el Reino Unido, vale la pena considerar Hungría, Serbia o Georgia: el alojamiento es más asequible y comer fuera no duele tanto.
El billete de avión suele ser la partida más grande, pero hay formas de pagar menos. Reservar con antelación ayuda; a medida que se acerca la fecha, los precios suelen subir. Un margen de 2–3 meses es un objetivo práctico. Cuando sea posible, usa comparadores de tarifas. Las aerolíneas de bajo costo pueden ser un chollo si prescindes de equipaje facturado o comidas a bordo. Ir solo con equipaje de mano ayuda a esquivar recargos.
Sobre el terreno, los taxis se encarecen rápido, mientras que el transporte público es mucho más amable con el bolsillo. En Europa y Asia, los abonos permiten evitar pagar cada viaje por separado. También existe el coche compartido: servicios como BlaBlaCar ayudan a encontrar trayectos entre ciudades y repartir gastos.
El alojamiento es otro gran gasto, pero hay margen. Alquilar un apartamento o una habitación, o quedarse en hostales, suele costar menos que un hotel. Muchos hostales modernos sorprenden por su comodidad, y una cama en dormitorio compartido puede costar una fracción de la tarifa hotelera. Couchsurfing es otra opción: conecta a viajeros con anfitriones dispuestos a ofrecer alojamiento gratuito. En algunos países, incluso se puede dormir sin pagar a cambio de una mano ligera—por ejemplo, tareas domésticas sencillas o enseñar inglés o ruso.
No hacen falta restaurantes caros para saborear lo local. Los mercados y supermercados cumplen de sobra, y cocinar—si tu alojamiento tiene cocina—recorta mucho la cuenta. Apunta a lugares donde comen los residentes; las zonas turísticas casi siempre inflan precios. Muchos restaurantes ofrecen menús del día o fórmulas a ciertas horas. En algunos países, la app Too Good To Go permite comprar excedentes de comida con grandes descuentos: sigue siendo fresca, simplemente no se vendió durante el día.
Las entradas a museos y visitas guiadas pueden ser costosas, pero hay alternativas. Las tarjetas turísticas en grandes destinos ofrecen descuentos en museos, transporte y otras atracciones. También merece la pena mirar los free tours, y en algunos países hay días de entrada gratuita para lugares emblemáticos.
Pagar de la manera equivocada en el extranjero puede comerse el presupuesto en comisiones y tipos de cambio poco favorables. Algunos bancos emiten tarjetas que permiten retiradas en el exterior sin cargos adicionales. Cuando el datáfono pida elegir moneda, pagar en la local suele ser más seguro. Las casas de cambio de aeropuerto tienden a dar los peores tipos; sacar de un cajero o usar una oficina de cambio en la ciudad suele ser más sensato.
Viaja ligero. Facturar una maleta implica cargos extra, mientras que una mochila te mantiene ágil y abarata el viaje. Mantén el radar en las promociones: aerolíneas y hoteles hacen rebajas, y sus boletines te ponen en primera fila. Sé flexible: mover las fechas incluso uno o dos días puede bajar de forma notable el precio de los billetes.
Viajar con presupuesto no es renunciar a la comodidad. Es planificar con intención: cazar billetes a tiempo, reservar alojamientos sensatos, elegir destinos asequibles y aprovechar descuentos y opciones gratuitas. Siguiendo estos consejos, puedes tener un gran viaje sin gastar lo ahorrado. Bien vale guardarlos en la recámara antes de la próxima escapada.