Quiénes fueron las gladiadoras romanas y por qué lucharon

Gladiadoras romanas: mujeres en la arena y su legado
By Gary Todd from Xinzheng, China - Colosseum, Public Domain, Link

Descubre la evidencia histórica de las gladiadoras romanas: quiénes fueron, cómo combatían, por qué se prohibieron y qué legado dejaron en Roma antigua y su impacto

Cuando pensamos en gladiadores, solemos imaginar a hombres curtidos, con espada y escudo, entrando en la arena para jugarse la vida. Pocos, sin embargo, reparan en que a veces las mujeres pisaron ese mismo escenario brutal. Eran excepcionales, pero llegaron a formar parte de los espectáculos peligrosos que tanto atraían a los romanos.

¿Realmente lucharon mujeres en la arena?

El registro es escaso, pero historiadores y arqueólogos han encontrado indicios de que sí salieron a combatir. Un relieve de mármol muestra a dos gladiadoras identificadas por nombre: una llamada Amazon y la otra Achillea. Los escritores romanos también mencionaron mujeres en los juegos. Y en 1996, en Londres, se descubrió la tumba de una mujer con objetos que recordaban al equipo de un gladiador.

Quiénes eran y por qué luchaban

La mayoría de los gladiadores eran esclavos o prisioneros de guerra. Algunos, no obstante, se ofrecían voluntarios a cambio de fama o dinero. Probablemente con las mujeres ocurrió algo similar: algunas esclavizadas, otras libres.

No todos lo aprobaron. En el año 11 d. C., el Senado romano prohibió que las mujeres nacidas libres pelearan. Y en el 200 d. C., el emperador Septimio Severo vetó la participación femenina en los juegos gladiatorios. Esa decisión, con toda probabilidad, reflejaba el rechazo de los romanos adinerados y nobles, convencidos de que esas contiendas quebraban la tradición.

Cómo se desarrollaban sus combates

Las peleas entre mujeres fueron seguramente menos frecuentes que las de hombres, pero existieron. Las contendientes podían enfrentarse entre sí o incluso a animales.

Las imágenes sugieren que su equipo replicaba el de ellos: espadas, cascos, escudos. Había, sin embargo, un detalle llamativo: entraban en la arena con el torso descubierto, igual que los gladiadores varones, una elección que agudizaba la curiosidad del público.

Es difícil medir cuánta violencia había en esos encuentros. Algunos quizá se acercaban más a la puesta en escena que a la matanza abierta, lo que, en el fondo, deja entrever qué era exactamente lo que la multitud iba a ver.

Por qué terminaron

Con el tiempo, las posturas se endurecieron. Lo que antes se toleraba como una rareza exótica empezó a parecer inadmisible para la élite. El resultado fue la prohibición y, con ella, la desaparición de las mujeres de la arena.

Las gladiadoras fueron una rareza, pero significativa. Aunque pocas, dejaron huellas en los textos y en la tierra, y su fugaz presencia cuenta mucho sobre lo que Roma estuvo dispuesta a celebrar y lo que, al final, prefirió suprimir.