Descubre Bangla Road en Patong: cómo la calle peatonal de Phuket se transforma al anochecer entre neones, bares, go-go bars y artistas callejeros. Consejos.
Si uno se encuentra en Bangla Road (Patong) de día, puede parecer una calle más del distrito turístico de Phuket. Los cafés están abiertos; las tiendas de recuerdos, agencias de viaje y pequeños comedores mantienen la actividad. La gente pasea sin prisa, los taxistas ofrecen traslados y el aire está cargado de los aromas de la cocina tailandesa.
Pero en cuanto el sol se esconde, todo cambia. La calle se vuelve solo peatonal, los neones estallan en color y la música se derrama desde cada bar. Toma el mando otra vida: ruidosa, de alto voltaje, por momentos caótica. De noche, Bangla Road parece el corazón del ocio de Phuket mostrando su rostro más genuino.

En casi cada esquina se instalan artistas callejeros: unos hacen trucos, otros malabarean con fuego y algunos improvisan bailes. Los turistas, arrastrados por el ambiente, se detienen a mirar, aplauden y dejan dinero en los sombreros. El espectáculo tiene un efecto imán que hace que los transeúntes se queden un rato más.
Aun así, la noche no se reduce a música y baile. Los go-go bars —donde mujeres bailan para los clientes— forman parte de la oferta y atraen a un público concreto. Llevan mucho tiempo integrados en el paisaje nocturno de Patong, aunque suelen provocar reacciones divididas entre visitantes y vecinos. Se apruebe o no, son una pieza inconfundible de lo que modela la zona después del anochecer.

El reparto de Bangla Road va más allá de los turistas. Los primeros en aparecer suelen ser los promotores, encargados de llevar a la gente a un bar o club en concreto. Unos reparten volantes, otros prometen cócteles gratis; hay quien se limita a iniciar conversación y asegura que en su local está la mejor fiesta de la noche. La invitación puede ser insistente, pero forma parte de la coreografía de la calle.
También están las llamadas bar girls: mujeres que trabajan en los bares, dan forma al ambiente y entretienen a los clientes. Su labor gira en torno a la conversación, el baile y la venta de bebidas. Cuanto más pide un cliente, mejores son los ingresos para el local y para ellas.

Pocos se detienen a pensar qué ocurre cuando la noche llega a su fin.
Con el amanecer, la calle parece exhalar. La música se apaga, los bares echan el cierre y los turistas regresan a los hoteles. Al bullicio le sucede el trabajo silencioso de quienes limpian. En esas horas quedas, la maquinaria que sostiene el espectáculo se deja ver con más claridad.
Bangla Road cabecea un rato, pero no por mucho. Unas horas después, todo se reinicia: de día vuelve a ser una calle cualquiera y, al caer la tarde, vuelve a hincharse de sonido, luces y energía.