Evita errores de viaje: presupuesto realista, seguro médico, itinerarios relajados, respeto a costumbres locales y sin sobresaltos en la mejor temporada.
Viajar va de aventura, de primeras impresiones y de la emoción de descubrir. Para que todo fluya, la preparación cuenta. Incluso quienes recorren el mundo con frecuencia cometen fallos que restan brillo a la experiencia. Aquí van cinco tropiezos habituales y cómo esquivarlos.

Al organizar un viaje, muchos se concentran en el vuelo y el alojamiento, y dejan de lado los costos invisibles. El transporte local, las comidas, las excursiones, los recuerdos e incluso las comisiones por cambio de divisa van sumando y pueden morder el presupuesto.
Para no quedarse sin efectivo antes de tiempo, conviene preparar un presupuesto detallado con antelación. Incluir un colchón del 10–20% de los gastos totales ayuda con lo imprevisto. También viene bien revisar el costo de vida del destino y fijar un límite de gasto diario.
Consejo: Usa apps móviles para seguir tus gastos (por ejemplo, Trail Wallet o Splitwise) y mantener las finanzas bajo control.

Hay quien ve el seguro como un gasto prescindible, sobre todo en escapadas cortas. Sin embargo, una indigestión o un mal paso pueden derivar en facturas serias. En algunos países, una consulta médica cuesta cientos de dólares y una hospitalización se dispara a miles.
Antes de salir, elige una póliza que cubra no solo gastos médicos, sino también incidentes como equipaje extraviado o cancelaciones de vuelo. Si vas a esquiar, bucear o hacer senderismo, asegúrate de que esas actividades figuren en la cobertura.
Consejo: Revisa opiniones del asegurador y confirma qué clínicas aceptan tu póliza en el destino.

Tratar de verlo todo en poco tiempo suele convertir la escapada en un maratón de maletas, colas y pies doloridos. En el papel parece eficiente; en la realidad, solo agota.
Mejor centrarse en unos pocos imprescindibles para saborear el ambiente en lugar de coleccionar fotos. Deja hueco para paseos tranquilos, hallazgos fortuitos y ratos de calma: un plan que respira suele devolver más que una lista frenética.
Consejo: Reserva algunos huecos libres por si quieres quedarte más rato en un lugar que te conquiste.

Cada país tiene sus matices, e ignorarlos puede traer momentos incómodos o multas. En Emiratos Árabes Unidos está prohibido fotografiar edificios gubernamentales; en Japón no se acostumbra dejar propina; en Italia, hacer picnic en plazas históricas puede acarrear sanción.
Informarse sobre la etiqueta básica y las leyes locales antes de partir ayuda a evitar problemas y hace el viaje más cómodo. Unos minutos de preparación se traducen en buena disposición y días más fluidos sobre el terreno.
Consejo: Aprende algunas frases en la lengua local; incluso un simple gracias u hola suele ganarse una sonrisa.

Pasar por alto la estacionalidad puede agriar la experiencia. En temporada alta, los grandes atractivos se abarrotan, el alojamiento se encarece y los locales están cansados de las masas. En temporada baja, algunos museos y restaurantes pueden cerrar y el clima no siempre acompaña.
Antes de reservar, investiga el clima y los flujos turísticos. Viajar un par de semanas antes o después del pico suele ser el punto justo: menos gente, precios más amables y un tiempo más llevadero.
Consejo: Recurre a sitios que analizan la estacionalidad (por ejemplo, Climate-Data.org) y a reseñas de viajeros para elegir las mejores fechas.
Una planificación sensata es la que convierte un buen viaje en uno grande y mantiene a raya las sorpresas desagradables. Vigila lo esencial: presupuesto, seguro, ritmo, cultura local y temporada.
Así, tu recorrido no se convertirá en una cadena de molestias, sino en una verdadera fuente de inspiración y nuevos hallazgos.