Descubre Giraffe Manor en Kenia: un hotel único donde las jirafas de Rothschild comparten el desayuno. Historia, experiencia y turismo que apoya su conservación.
Hay lugares que merece la pena ver al menos una vez en la vida. Giraffe Manor, en Kenia, es uno de ellos. Este acogedor hotel seduce no solo por su elegante arquitectura y sus jardines frondosos, sino también por unos vecinos excepcionales. Las jirafas de Rothschild deambulan por la finca y, por la mañana, asoman por las ventanas para compartir el desayuno con los huéspedes. Es difícil no sonreír cuando, al amanecer, un rostro de pestañas larguísimas aparece en el marco.
La historia del lugar es breve y elocuente: Giraffe Manor se construyó en 1932 como residencia privada. En 1974 fue adquirido por Jock y Betty Leslie‑Melville. Advirtieron que las jirafas de Rothschild eran una subespecie en peligro. Para ayudarlas, los propietarios crearon un santuario en la propiedad. Más tarde, decidieron abrir aquí un pequeño hotel.
Giraffe Manor parece un apacible caserón europeo: muros de piedra, contraventanas de madera, chimeneas y muebles antiguos. Alrededor se extienden praderas verdes por las que las jirafas pasean en libertad. Acostumbradas a la gente, cada día se acercan a las ventanas del comedor, asoman el cuello y esperan un pequeño obsequio.
De 6 a 9 de la mañana, los huéspedes se reúnen en el comedor, y para entonces las jirafas ya están en las ventanas. Todos pueden alimentarlas con unas croquetas especiales que facilita el personal. Son una mezcla nutritiva de hierba seca y vitaminas. El ritual transcurre con calma y respeto, y ahí reside buena parte de su encanto.
Algunos les dan de comer con la mano; otros se atreven con un juguetón ‘beso’ cuando la jirafa toma la croqueta con los labios. Esos instantes suelen convertirse en publicaciones muy celebradas en las redes sociales.
Y el encuentro no se limita a la mañana. Durante el día, las jirafas recorren la finca y, al atardecer, regresan a la terraza donde los huéspedes toman el té.
Quienes han visitado Giraffe Manor lo describen como un destino de ensueño. Muchos cuentan que se sintieron como personajes de un cuento. Lo que más les sorprende es que las jirafas no están enjauladas: se mueven con libertad y deciden por sí mismas cuándo acercarse a la gente. No cuesta entender por qué esa autonomía deja una huella tan profunda.
Giraffe Manor es mucho más que un telón de fondo fotogénico. Demuestra que el turismo puede ir de la mano del cuidado de la naturaleza. El dinero que gastan los huéspedes respalda la protección y la cría de estas jirafas.