Exploramos el origen de Machu Picchu y el misterio de su abandono: epidemias, traslados y escasez. Conoce las hipótesis y lo que revelan los arqueólogos.
Machu Picchu es uno de los lugares más asombrosos del planeta. Esta antigua ciudad inca, escondida entre las montañas del Perú, permaneció en el olvido hasta que el explorador estadounidense Hiram Bingham la dio a conocer en 1911. Desde entonces, arqueólogos han estudiado sus muros, andenes y templos, y sin embargo persiste una pregunta: por qué se marcharon de repente sus habitantes y adónde fueron.
Machu Picchu tomó forma en el siglo XV, cuando los incas estaban en el apogeo de su poder. Funcionó a la vez como residencia de un gobernante, lugar sagrado y, posiblemente, refugio frente a enemigos. Siglos después, su cantería parece colocada ayer mismo. Los incas dominaron la construcción en piedra seca, una técnica que sigue sorprendiendo a los investigadores.
La ciudad se alzó en lo alto de la cordillera, a casi 2,5 kilómetros sobre el nivel del mar. Esa altitud le daba seguridad, pero complicaba el acceso a agua y alimentos. Aun así, pese a sus ventajas, la gente se fue. ¿Por qué?
Una explicación muy debatida es la de una epidemia. Cuando los españoles llegaron a Sudamérica en el siglo XVI, trajeron enfermedades hasta entonces desconocidas aquí. La viruela, por ejemplo, mató a millones, incluidos los incas. Aunque los españoles nunca entraron en Machu Picchu, el contagio pudo propagarse a través de comerciantes o viajeros.
Si la enfermedad alcanzó la ciudad, sus pobladores pudieron morir o huir para evitarla. Por ahora, sin embargo, no hay pruebas concluyentes.
Otra línea de interpretación plantea que no se marcharon por enfermedad, sino por orden. Con la conquista en marcha, los líderes incas pudieron decidir mudarse a un sitio más práctico, como Vilcabamba, la última gran ciudad inca donde la resistencia continuó.
Si fue así, Machu Picchu perdió relevancia y sus habitantes partieron en busca de una vida más viable.
Una posibilidad adicional es la carestía. Los españoles interrumpieron los caminos que unían las ciudades incas, y el abastecimiento hacia Machu Picchu se volvió complicado. Sin suministros regulares, la vida cotidiana allí quizá se hizo insostenible.
Al examinar el sitio, los investigadores no hallaron rastros de guerra ni de muertes masivas. Ese panorama inclina la balanza hacia una salida voluntaria antes que a una catástrofe repentina. Aun así, no todo lo que había fue recogido, un detalle que sugiere prisa en la partida.
Hoy, los especialistas siguen estudiando Machu Picchu con herramientas modernas. Los reconocimientos aéreos, por ejemplo, escanean capas ocultas bajo la superficie en busca de pistas nuevas. Quizá algún día aparezca evidencia capaz de decantar una de las hipótesis.
Por ahora, Machu Picchu se sostiene no solo como una obra maestra de la arquitectura, sino también como uno de los enigmas históricos más cautivadores.