Jeepneys, tuk-tuks y más: cuando el transporte es cultura

Transporte y cultura: jeepneys, tuk-tuks y su futuro
© A. Krivonosov

Descubre cómo el transporte icónico refleja cultura: jeepneys, tuk-tuks, chicken buses y tren colgante. Debates entre modernización, turismo y futuro.

Por lo general pensamos en el transporte como un simple ir del punto A al B. Pero en algunos países se convierte en un emblema que condensa historia, costumbres, gente y los retos que afrontan. No es solo un trayecto: es una breve lección de cultura sobre ruedas.

Estos formatos singulares suelen verse excéntricos, hacer ruido y, a veces, no llevar reloj. Aun así, se quedan en la memoria. Vale la pena entender por qué importan y qué les está pasando hoy.

Cuando el transporte se vuelve cultura

No hablamos de los autobuses corrientes ni del metro. Se trata de vehículos que se han vuelto la cara de una ciudad o incluso de todo un país.

Ahí están los jeepneys en Filipinas. Estos taxis compartidos, de colores vivos, nacieron de viejos jeeps militares estadounidenses tras la Segunda Guerra Mundial. Sus conductores los cubrieron de arte, lemas y banderas, y cada uno se volvió una pieza de arte popular en movimiento. En los últimos años, las autoridades han impulsado sustituir los envejecidos jeepneys por versiones más limpias y modernas. No extraña que eso haya encendido protestas: los conductores temen perder trabajo y los nuevos vehículos resultan demasiado caros para muchos.

También está el tuk-tuk —un motocarro de tres ruedas con techo— típico de Tailandia. Es veloz, ruidoso, a veces un poco transgresor, e inconfundible. Aparecen versiones eléctricas, pero los modelos clásicos siguen siendo un imán para turistas y vecinos.

Ingenio en movimiento

A veces la movilidad se inventa con lo que hay a mano. En Camboya surgió el tren de bambú: en esencia, una plataforma ligera de madera sobre raíles. Uno se sienta y se desliza por vías antiguas. Los locales lo idearon cuando los trenes regulares apenas circulaban. Hoy es sobre todo una experiencia para visitantes, pero sigue diciendo mucho de la inventiva cotidiana.

Una historia muy distinta llega desde la ciudad alemana de Wuppertal, donde un tren colgante pende de rieles elevados sobre las calles. Con más de un siglo de vida, continúa en servicio y es motivo de orgullo cívico.

¿Retirar o conservar?

Muchos países debaten si mantener estos medios singulares o reemplazarlos de una vez.

En Filipinas, las autoridades quieren que los jeepneys sean más limpios y seguros. Los conductores se resisten: sostienen que el nuevo equipo cuesta demasiado y queda fuera del alcance de muchos. Las protestas siguen.

Hay más ejemplos. En partes de Asia, los rickshaws tirados a mano —una persona remolcando a un pasajero— casi han desaparecido y resisten sobre todo en zonas turísticas. Allí se perciben menos como transporte y más como un fragmento vivo de historia.

Por qué importa

Estos vehículos son algo más que una forma de moverse. Están trenzados con la vida urbana, la cultura y las rutinas. En Guatemala, los llamados chicken buses —antiguos autobuses escolares estadounidenses reconvertidos en servicio local— se repintan con colores vivos, y dentro suena música a todo volumen. Para muchos, son desplazamiento y expresión personal a la vez.

En Europa, en cambio, los sistemas antiguos suelen preservarse para proteger el carácter local. En Alemania, el tren colgante no se retiró: se convirtió en un atractivo, mantenido con cuidado para que pueda seguir funcionando.

¿Qué viene después?

  • El futuro no será igual para todos.
  • Algunos avanzan hacia tecnología moderna: motores eléctricos y normas de seguridad más estrictas.
  • Otros se mantendrán como reclamo turístico.
  • Y algunos se irán apagando a medida que opciones más rápidas y convenientes tomen el relevo.

Lo seguro es la huella que dejan. Jeepneys, tuk-tuks, rickshaws, trenes colgantes: son porciones de historia que habitan las calles, con motores que vibran y luces que parpadean, contando en voz baja su historia a quien quiera mirar.