Descubre Ko Lipe, la isla sin coches de Tailandia: caminar, moto‑taxis y longtails. Qué esperar de Walking Street, ventajas, retos y el ritmo sereno del lugar.
Quedan muy pocos lugares en el mundo sin coches por completo. Uno de ellos es Ko Lipe, una diminuta isla en el sur de Tailandia. Aquí no hay tráfico, ni bocinazos, ni gasolina, ni siquiera calles pensadas para automóviles. Lo que sí hay: mar, sol, silencio y un modo de vida que late a otro ritmo.
Ko Lipe es realmente pequeña. Se puede cruzar de punta a punta en 30–40 minutos, así que los coches sobran. Todos se mueven a pie, y a nadie —ni a locales ni a visitantes— parece importarle. Al contrario: forma parte del encanto. No hay prisa, solo un paseo tranquilo con el rumor de las olas acompañando.
Caminar es la norma. Todo queda cerca: playas, cafés, hoteles. Si no apetece ir a pie o llevas equipaje, hay moto‑taxi: en esencia, un scooter con remolque, con espacio para un par de pasajeros.
Algunos alquilan bicicletas, aunque el calor disuade a muchos. Para alcanzar otra playa o una isla vecina, una longtail te lleva: una manera sencilla y rápida de moverse por el agua.
La arteria principal se llama Walking Street, y el nombre le hace justicia. Está hecha para deambular, helado en mano, curiosear recuerdos, demorarse en los cafés. Sin coches, sin estruendo: solo gente y ese resplandor tibio del atardecer.
Muchos notan que, al llegar a Ko Lipe, la respiración se vuelve más honda y los pensamientos se aflojan. Sin coches, el aire se siente más limpio, no hay cláxones y hasta un día cualquiera adopta un ritmo más sereno.
Los habitantes mantienen ese compás todo el año. Los suministros llegan por barco y con carritos motorizados. Los precios pueden subir un poco por ello, algo que se asume como parte de la vida isleña.
Desde luego, vivir sin coches no solo trae ventajas. En situaciones serias no hay una ambulancia que irrumpa sobre cuatro ruedas: la atención médica llega por mar. Y en temporada de lluvias, entrar o salir de la isla puede convertirse en un reto.
Ko Lipe muestra cómo puede ser un lugar sin coches. No encaja en cualquier contexto, eso está claro. Pero la idea —caminar más, buscar la calma— se puede trasladar incluso a las grandes ciudades. Más calles peatonales, menos tráfico en zonas turísticas, mayor uso de rutas fluviales: todo eso está a nuestro alcance. En Ko Lipe nadie conduce y, a juzgar por el ambiente, nadie echa realmente de menos los coches.