El faro del alineamiento Este de Inkerman: historia y presente

Faro de Inkerman: la guía silenciosa de Sebastopol
By Pavel Volzhin - Own work, CC BY-SA 4.0, Link

Descubre el faro del alineamiento Este en Inkerman, Sebastopol: dos siglos guiando buques entre acantilados. Historia, guerras y su papel a 196 m de altitud.

Alto sobre la bahía de Sebastopol, entre acantilados y lomas verdes, se alza un faro pequeño pero imprescindible. Desde la carretera apenas se distingue: ni neones ni rótulos llamativos. Y aun así, el faro del alineamiento Este en Inkerman lleva dos siglos guiando a los barcos para que entren en la bahía con seguridad.

Cómo comenzó

El faro se construyó en 1821. Entonces, Sebastopol crecía con rapidez como puerto, y la navegación —la capacidad de que los buques encontraran sin error la entrada de la bahía— era vital. La luz acudió en ayuda de los marinos. No trabaja sola: funciona en tándem con el faro delantero, formando una enfilación, una línea que los capitanes siguen para mantener el rumbo correcto.

Aunque la torre es modesta —unos 11 metros— está plantada en una colina alta. Gracias a esa cota, la luz se ve desde lejos: se encuentra a casi 196 metros sobre el nivel del mar, lo que la convierte en una de las ubicadas a mayor altura de Rusia.

El faro en tiempos de guerra

El lugar está ligado a más de un episodio histórico. Durante la Guerra de Crimea, cuando las fuerzas enemigas se acercaron a Sebastopol, el faro se apagó deliberadamente para no dar referencia al adversario. En la Segunda Guerra Mundial, la torre fue destruida por completo. Para 1946 ya había sido reconstruida y volvió a su cometido, otra vez señalando el camino a los buques.

Lo que es hoy

Hoy el faro del alineamiento Este sigue cumpliendo su silenciosa guardia. No se ha convertido en museo ni en atracción turística. Es una instalación en servicio, sin alardes. Ayuda a los buques modernos igual que ayudó a los del siglo XIX.

No se puede entrar, y aun así su mera presencia impone respeto. El faro ha servido a la ciudad durante más de 200 años. Ha sido testigo de guerra y de paz. Pese a todo, sigue encendido: constante, fiable, directo. En esa continuidad hay una sobria dignidad.

El faro de Inkerman no es solo una torre con una bombilla. Es un fragmento vivo de historia que sigue en servicio.