Puente de Oresund: 25 años uniendo Copenhague y Malmö, retos y planes

Puente de Oresund: Copenhague y Malmö, 25 años unidos
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Descubre cómo el puente de Oresund une Copenhague y Malmö: su diseño con túnel e isla, 25 aniversario, impactos diarios y planes de tren y metro futuros.

A caballo entre Dinamarca y Suecia se levanta una obra de ingeniería singular: el puente de Oresund. Une Copenhague con Malmö y, desde hace 25 años, moldea la vida diaria de decenas de miles de personas. Más que un trayecto, se volvió sinónimo de cooperación, comodidad y nuevas posibilidades.

¿Qué tipo de puente es?

En rigor, Oresund no es solo un puente. Es una secuencia de estructuras: un largo viaducto, un túnel y una isla artificial que se estiran casi 16 kilómetros de extremo a extremo. Los coches circulan por la cubierta superior y los trenes por la inferior. Ese diseño dividido mantiene abiertos los canales de navegación del estrecho y evita interferir con los despegues y aterrizajes del aeropuerto cercano.

La construcción comenzó en 1995 y el cruce se inauguró el 1 de julio de 2000. En el proyecto trabajaron expertos de varios países, y más tarde recibió un prestigioso premio internacional por su elegancia y su ingenio de ingeniería.

Cómo cambió la vida cotidiana

Hoy, alrededor de 100.000 personas cruzan el puente a diario. La mayoría son suecos que trabajan en Dinamarca, lo que convierte el paso en la columna vertebral de una vasta región laboral con más de cuatro millones de habitantes.

Aun así, el balance no se percibe del todo parejo. En Malmö, muchos sostienen que el impulso económico se siente con más fuerza en Copenhague. Numerosos suecos se desplazan a sus empleos en Dinamarca pero siguen viviendo en Suecia, y las autoridades locales debaten cómo lograr que la vida a ambos lados del estrecho resulte más equilibrada. Esa sensación de ganancias desiguales cuesta disiparse.

Un aniversario y algunos sobresaltos

El 1 de julio de 2025, el puente celebró su 25º aniversario. Para conmemorar la fecha, las autoridades danesas y suecas firmaron un acuerdo destinado a facilitar la vida de quienes cruzan con regularidad la frontera, con el compromiso de mejorar las conexiones de transporte, reducir trabas burocráticas y avanzar hacia una región más integrada.

Pero las complicaciones llegaron en el peor momento. En primavera se detectó desgaste en las vías. La frecuencia de trenes cayó a una salida por hora y muchos pasajeros se pasaron al autobús; restablecer el servicio normal llevó casi un mes. Fue un recordatorio incómodo de que incluso una arteria emblemática depende de un mantenimiento constante.

¿Qué sigue para el cruce?

A pesar de los años, el enlace de Oresund no se encamina a la jubilación. La administración confía en que puede transportar a muchos más pasajeros. Para 2030, se prevé que el número de personas que crucen el estrecho cada día alcance las 30.000.

También hay planes para un metro entre Copenhague y Malmö. Circularía más rápido que el tren actual y aliviaría de forma notable la presión sobre el enlace, con apertura prevista alrededor de 2035.

Mientras tanto, está en construcción un túnel entre Dinamarca y Alemania (el Fehmarn Belt), que sitúa a Oresund dentro de un corredor de transporte europeo más amplio.

Las fronteras no han desaparecido

El puente acercó a ambos países, pero las fronteras no se han desvanecido. La pandemia, los cambios legales y los controles más estrictos recuerdan que las reglas siguen vigentes. Para quienes se acostumbraron a moverse con libertad, la fricción se nota: un ocasional baño de realidad en una región edificada sobre la apertura.