Descubre cómo viajar barato: billetes más económicos, reservas inteligentes, comida asequible y ocio gratuito. Guía práctica con trucos para ahorrar.
Viajar es una de las maneras más gratificantes de ampliar la mirada, conocer otras culturas y guardar recuerdos que perduran. La parte menos amable es conocida: vuelos, alojamiento, comidas y ocio pueden dispararse y frenar planes antes de despegar. Esta guía resume cómo recortar gastos sin perder comodidad ni el gusto por el descubrimiento: elegir opciones asequibles, hallar estancias a buen precio, ahorrar en transporte y comida, y sacar partido a servicios útiles y programas de fidelidad. Con un poco de planificación, es posible escaparse más a menudo y gastar menos en el intento.

El primer sitio donde ahorrar es en el billete. Los pasajes de tren suelen ser más baratos que los de avión. Conviene reservar con antelación en rutas populares: se agotan rápido y hay red de seguridad, porque si surgen opciones más económicas cerca de la fecha, los billetes de tren pueden devolverse incluso seis horas antes de la salida. Las familias también reducen la cuenta con los descuentos infantiles del ferrocarril.
Las tarifas aéreas son más volátiles. Los precios cambian según el día de la semana e incluso la hora: las salidas nocturnas o vespertinas suelen costar menos que las diurnas. Comprar a comienzos de semana mejora las opciones de encontrar buen precio, y muchas aerolíneas lanzan descuentos los fines de semana y el lunes. Como las condiciones varían según la compañía, planificar con unos meses de margen y vigilar las ofertas suele dar resultado.
Conducir puede ser la opción más económica de todas, sobre todo en trayectos largos con probables escalas. En muchos casos el coche gana también en rapidez y comodidad, algo difícil de ignorar cuando el presupuesto manda.

Otra forma de cuidar el gasto es mirar excursiones en grupo. Reservar con una pequeña agencia privada, con grupos de hasta ocho personas, suele abaratar el precio. Como extra, los guías afinan los itinerarios y llevan a rincones que cuesta descubrir por cuenta propia.
Si quieres ver mucho en poco tiempo, no te incomoda un grupo de unas 30 personas y no tienes margen para planificar, un recorrido en autobús de los de siempre encaja bien, por ejemplo un circuito por las ciudades del Anillo de Oro. Fuera de temporada en Sochi es fácil encontrar paquetes que incluyen vuelo y hotel, y una vez allí el tiempo es tuyo.

El alojamiento es donde las decisiones inteligentes se notan. Alquilar un apartamento suele salir más barato que un hotel o una casa, especialmente si viajáis en grupo. Si el apartamento no encaja, compara tarifas entre agregadores, la web del hotel y su app, si la hay. Las diferencias pueden ser claras.
Reservar con antelación es preferible. Algunos complejos y turoperadores ofrecen promociones por compra temprana con descuentos de hasta el 50%. ¿Viajas con niños? Comprueba si las normas del hotel permiten a toda la familia en una sola habitación. Añadir una cama supletoria en una habitación suele resultar más económico que pagar dos. También conviene preguntar por el desayuno: si está disponible, incluirlo puede ahorrar tiempo y el dinero de salir a buscar algo por la mañana. En ocasiones, los niños desayunan gratis; mejor confirmarlo antes.
Si vas en coche y no necesitas estar en pleno centro, busca en la periferia o en una localidad cercana. Los precios bajan mucho y el trayecto a menudo se queda en 15–20 minutos.

La comida es otro terreno fácil para ahorrar. Elige cafeterías pequeñas y puestos callejeros donde comen los locales: probarás el lugar de verdad y gastarás menos. Alojarse en un apartamento con cocina reduce la cuenta si cocinas alguna comida.
En excursiones largas o días de viaje, lleva algo para picar. Tener a mano un pequeño tentempié —frutos secos, bastones de zanahoria o algo similar— ayuda a evitar compras impulsivas. Incluso se puede recortar apuntándose a talleres gratuitos. En las grandes ciudades, los menús de mediodía en cafeterías suelen ofrecer buena relación calidad-precio. Y si buscas algo distinto, fíjate en los comedores de embajadas: una opción exótica que suele existir en ciudades importantes.

Para contener el gasto en ocio, busca visitas a pie gratuitas y audioguías: son habituales en ciudades grandes y fáciles de localizar con una búsqueda. Muchos museos tienen días de entrada libre; consúltalo en sus sitios oficiales, normalmente en la sección de horarios o precios.
Para los traslados —por ejemplo, del aeropuerto o la estación al hotel— lo más rentable suele ser el transporte público. El autobús o el metro pueden costar al menos diez veces menos que un taxi. Si viajas en grupo, alquilar un coche para toda la estancia y repartir el gasto puede hacer que las cuentas cuadren.