Quiénes molestan más a los locales: tipos de turistas y cómo no ser uno

Los turistas que más molestan: guía práctica para no ser uno
© A. Krivonosov

Descubre qué tipos de turistas más molestan a los locales. Guía con consejos útiles para viajar con respeto, evitar el overtourism y disfrutar sin incomodar.

Viajar ha vuelto a estar de moda: los billetes vuelan, los aviones van llenos y las ciudades favoritas del mundo vuelven a latir con visitantes. Pero con las multitudes llega también el coro de vecinos que dicen que muchos turistas se comportan sin miramientos, alteran la vida diaria y difuminan normas básicas de convivencia. ¿Quiénes resultan más irritantes?

El turismo es fantástico. No para todo el mundo

Hace no tanto, a los visitantes se les recibía con los brazos abiertos por los empleos e ingresos que traían. Ahora, en muchas ciudades, el ánimo ha cambiado: los residentes subrayan que viven allí; no están para servir a los viajeros.

Y no cuesta entender por qué. El turismo masivo puede resultar invasivo: las calles se bloquean, el ruido crece, aparece basura donde no debería. Los estudios apuntan a que más de la mitad de los viajeros son conscientes de que su conducta afecta a los residentes. Aun así, el roce no desaparece.

Entonces, ¿quién molesta más?

1. Los desorientados — siempre fuera de rumbo

Son los viajeros que no se llevan bien con el mapa. Se pierden entre la multitud, se quedan atrás en las visitas guiadas y preguntan direcciones sin parar, rompiendo el ritmo y poniendo a prueba la paciencia.

Para los vecinos es agotador: en lugar de interacciones cotidianas, un goteo de peticiones de ayuda y miradas desconcertadas.

2. Los compradores — vienen por las gangas, no por el lugar

Cazadores de ofertas que vuelven con la maleta a reventar. Colapsan el transporte público, abarrotan tiendas y compran al por mayor.

Los residentes suelen leer ahí una mentalidad de “coger lo que se pueda” más que una curiosidad auténtica por la cultura local. La alternativa es evidente: apoyar a los productores locales y comprar con cabeza.

3. Los de móvil en mano — pegados a la pantalla

Documentan todo: platos, selfies, historias, vídeo... a menudo en medio de un paso concurrido. Bloquean el camino, hablan a gritos con el altavoz y se desconectan de lo que tienen delante.

Los vecinos perciben que esa persecución del contenido convierte la ciudad en un plató. Siempre queda la opción más sencilla: levantar la vista, observar, estar presente.

4. Los que picotean — comen donde les pilla

Algunos evitan los cafés y sacan la comida en museos, en la calle, incluso junto a monumentos. El rastro —basura, olores, bancos pegajosos— permanece.

No es solo desagradable; erosiona la imagen y el carácter de la ciudad, y es comprensible que moleste a quienes la habitan.

5. Los fumadores — humo sin fronteras

Aun donde las normas son claras, algunos las ignoran y encienden un cigarrillo en las aceras, en las entradas de los museos o pegados a otras personas.

El humo, el olor y las colillas tiradas molestan a todos y pueden ser peligrosos, sobre todo en climas calurosos y secos donde el fuego prende con facilidad.

6. Los fotógrafos — todo por la toma

Con drones, trípodes y equipo a cuestas, ocupan los mejores puntos, ralentizan las colas y tapan las vistas. A veces, la foto perfecta les tienta a colarse en zonas prohibidas.

Por eso algunas ciudades han empezado a restringir las sesiones en lugares saturados: un solo fotógrafo ambicioso puede hacer que decenas se pierdan el momento.

Por qué saca de quicio

Un visitante desconsiderado es una lata; cientos se sienten como un asedio. Las calles sufren, los vecinos se ven desplazados en sus propios barrios y las actitudes hacia el turismo se endurecen.

En 2025, por ejemplo, en España y Portugal hubo quejas de que muchos edificios de viviendas se habían convertido en hoteles de facto: los vecinos fueron sustituidos por grupos de vacaciones ruidosos. Y ese sentimiento no hace más que crecer.

Cómo no ser ese turista

Es más fácil de lo que parece:

  • Presta atención. Mira por dónde vas y no bloquees el paso.
  • Respeta las normas locales. Si fumar o grabar está prohibido, asúmelo sin discusión.
  • No conviertas el viaje en una carrera por tiendas o rincones fotogénicos. Captar el pulso de un lugar vale más que llevar otra bolsa o otro clip.
  • No dejes rastro. Eso incluye comida, basura y, siendo sinceros, la actitud.

Un último apunte

Un turista es un invitado. Y un buen invitado es quien no complica la vida al anfitrión. Los desorientados, los compradores, los de móvil en mano y compañía no son un problema por ser malas personas; lo son cuando olvidan que, adonde vayamos, entramos en la casa de alguien.

Con eso en mente, el viaje se vuelve más amable para todos: visitantes, vecinos y la propia ciudad.