Por qué Vietnam ama los banquitos de plástico de su comida callejera

Descubre por qué los banquitos de plástico son un símbolo de la comida callejera en Vietnam: prácticos, cercanos y parte de su cultura urbana en cafés y aceras.

Si has visto fotos de las calles vietnamitas, seguramente te habrá llamado la atención algo: por todas partes la gente se sienta en banquitos de plástico diminutos —bajos, casi de tamaño infantil. Se alinean junto a cafés, puestos y aceras, y la vida bulle a su alrededor. Los vietnamitas desayunan, almuerzan, conversan y descansan sobre estos asientos en miniatura. Entonces, ¿por qué estos banquitos y no sillas más altas y mullidas?

¿Qué son estos banquitos y por qué están por todas partes?

Los banquitos de plástico pequeños son más que mobiliario. En Vietnam se han convertido en un auténtico emblema de la comida callejera. Medios locales señalan que se ven prácticamente en cada esquina —en grandes ciudades y en pueblos— frente a cafés, en mercados y junto a cocinas ambulantes.

Suelen ir acompañados de mesas igual de compactas, que convierten un trozo de acera en un café de bolsillo. La gente se sienta casi a ras de suelo para sorber sopa, tomar café o charlar. Es una forma rápida y sin complicaciones de comer sin desconectarse de la calle.

¿Por qué estos—pequeños y de plástico?

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By Célestine M. C. Leroy — CC BY-SA 2.0

Para empezar, son prácticos para quienes venden. Los banquitos se transportan, despliegan y recogen con facilidad. El comercio callejero en Vietnam va a toda velocidad: abrir, atender, levantar. El mobiliario en miniatura encaja perfecto con ese ritmo.

Además, crean un ambiente muy particular. La gente se sienta junta, casi a ras del suelo, y eso acerca de manera natural. No es un restaurante con camareros y cartas impresas; es comida directa y con vida, ahí mismo en la calle. Esa sensación de autenticidad es lo que muchos locales y viajeros valoran.

Banquitos como parte de la cultura

Estos banquitos no son solo objetos; son un hito de la cultura callejera. Están por todas partes y anuncian algo claro: aquí se come sencillo y bien. La gente se reúne, conversa y mira pasar la vida. Es práctico, pero también tiene un calor discreto. Cuesta no verlo como un pequeño manifiesto de cercanía.

Algunos sostienen que la costumbre viene de épocas en que la venta ambulante no estaba oficialmente bien vista, de modo que el mobiliario debía desaparecer en un suspiro. No hay pruebas concluyentes, aunque publicaciones locales mencionan a menudo esta teoría.

¿Y hoy?

Hoy los banquitos siguen siendo tremendamente populares: los usan desde estudiantes hasta turistas. El país habla cada vez más de sostenibilidad y busca reducir el uso de plásticos. Algunas ciudades ya avanzan para limitar los artículos de un solo uso. Pero los banquitos de plástico pequeños no están prohibidos; siguen en el día a día y con demanda constante.

¿Qué dice esto del país?

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By 兵庫胡志明倶楽部 — Own work, CC BY-SA 3.0

Si se mira bien, este humilde banquito cuenta mucho sobre Vietnam: una preferencia por la sencillez, la apertura y la vida en espacios compartidos. Detalles así revelan el carácter de un lugar y el pulso de lo cotidiano.

Al final, son los detalles —no los rascacielos ni los comedores caros— los que dibujan el retrato de un país. Un taburete bajo te deja sorber la sopa, mirar la calle y sentirte parte del cuadro.

Conclusión

El banquito de plástico diminuto no es una rareza; es una pieza clave de la vida cotidiana en Vietnam. Es simple, práctico y ayuda a crear esa atmósfera que atrae a tantos hacia la comida callejera del país.