Cómo Salalah, en Omán, cultiva plátanos y cocos en el desierto

Descubre cómo Salalah, en Omán, cosecha plátanos y cocos en pleno desierto gracias al khareef, riego eficiente y energía solar; datos 2025 y visitas a fincas.

Si se pregunta a la mayoría dónde crecen los plátanos y los cocos, pensarán en selvas, islas o, como mínimo, en trópicos húmedos; difícilmente en un desierto. Y, aun así, en el sur de Omán, la ciudad de Salalah obtiene estos frutos en abundancia, entre arena y montañas.

Es una auténtica rareza en la península Arábiga. ¿Cómo terminó un país desértico cultivando productos tan tropicales? La explicación combina naturaleza, tecnología y la constancia de los agricultores locales.

La sorpresa verde de Omán

Salalah se ubica en el extremo sur de Omán, en Dhofar. Cada año, de junio a septiembre, llega una estación particular llamada khareef. Bajan las temperaturas, llegan las lluvias y el paisaje se vuelve verde: un respiro bienvenido frente al calor y la sequedad.

Es entonces cuando los campos alrededor de Salalah se vuelven especialmente fértiles. Gracias a las precipitaciones y a la humedad, aquí prosperan frutos poco habituales en el resto del país.

Qué y cuánto se cultiva

Según los últimos datos de 2025, los agricultores de Salalah cosechan alrededor de 7.000 toneladas de cocos al año, una cifra llamativa para una región que pasa la mayor parte del año en sequía.

Los plátanos también rinden bien: alrededor de 4.900 toneladas anuales, aproximadamente una quinta parte de la producción frutícola de la zona.

Además de cocos y plátanos, aquí crecen papaya, limones, guayaba e incluso diversas hortalizas. Aun así, los plátanos y los cocos siguen siendo los cultivos estelares.

Cómo sobreviven los frutos en el desierto

Para arrancar estas cosechas a un clima exigente, los productores combinan métodos tradicionales y modernos, entre ellos:

- Riego por goteo, que ahorra agua y la lleva directamente a las raíces.

- Invernaderos para cultivar todo el año.

- Hidroponía: cultivo sin suelo, en agua enriquecida con nutrientes.

- Paneles solares que alimentan bombas y otros sistemas.

Algunas fincas abren sus puertas a los visitantes: la gente viene a ver cómo crecen los plátanos, a beber agua de coco directamente de la fruta y a conocer cómo funciona la agricultura en estas condiciones.

Los desafíos

No todo es sencillo. En los últimos años, los rendimientos del coco han empezado a disminuir. Entre las causas figuran plagas de insectos que dañan las palmeras, cambios en el tiempo y la falta de tierras para nuevas plantaciones.

El agua es limitada y el terreno, áspero. La llanura frutícola está encajonada por montañas, lo que deja pocas opciones fáciles para expandirse.

Tampoco siempre es sencillo llevar la producción al mercado: los agricultores compiten con otros países y la logística en zonas montañosas puede complicarse.

¿Qué sigue?

Pese a los vientos en contra, el panorama de Salalah es alentador. La región ha empezado a introducir nuevas variedades de plátano mejor adaptadas al clima local. Una de ellas, llamada Moz Razat, apareció recientemente y ya se está probando.

Las autoridades también respaldan proyectos que combinan agricultura y turismo, una mezcla que sostiene tanto a los productores como a la economía regional.

Salalah demuestra que una agricultura exitosa puede echar raíces en los lugares más improbables cuando se aprovechan con criterio la naturaleza y la tecnología.

Los pequeños detalles

Durante la temporada de lluvias, aparecen puestos de fruta junto a la carretera y los visitantes pueden probar una bebida fría conocida como mashli: agua de coco fresca que disfrutan tanto locales como turistas.

Toda esa vegetación depende de apenas unos pocos meses húmedos al año. El resto del tiempo trae calor y aridez, como en cualquier desierto.

Estos logros resultan inspiradores para países donde el clima se vuelve más exigente. La experiencia de Salalah podría resultar pronto útil en otras partes del mundo.