Descubre la historia de Astana en Kazajistán: de Tselinograd y Akmola a Nur-Sultan y el regreso a su nombre actual. Política, simbolismo y evolución urbana.
Astana es algo más que la capital de Kazajistán. Es una ciudad que ha cambiado de nombre varias veces, y cada giro arrastra su propio relato, tejido con política, simbolismo y los cambios más amplios que ha atravesado el país.
En el lugar de la actual Astana existió, entre los siglos XII y XIV, un asentamiento medieval llamado Bozok, como demuestran los hallazgos arqueológicos. La ciudad moderna tomó forma en 1830, cuando se fundó aquí un destacamento militar llamado Akmolinsk, uno de los puestos fronterizos del Imperio ruso en la estepa.
En la época soviética, 1961 trajo un nuevo nombre: Tselinograd, elegido en honor a la campaña de las Tierras Vírgenes. Ponía en primer plano el papel agrícola de la región.
Tras la independencia de Kazajistán, la ciudad pasó a llamarse Akmola. Fue entonces cuando el presidente Nursultan Nazarbayev decidió trasladar la capital desde Almaty a este lugar. En 1997, Akmola se convirtió oficialmente en la nueva capital del país.
En 1998, la ciudad recibió otro nombre: Astana, que en kazajo significa simplemente “capital”. La elección fue directa, neutra y fácil de pronunciar en distintos idiomas. Reflejaba el nuevo papel de la ciudad como centro de una nación joven que empezaba a construir su independencia.
Con el nuevo estatus llegó la construcción a gran escala. Los arquitectos trazaron un plan para transformar la ciudad en una metrópolis moderna. Edificios poco convencionales se levantaron junto a avenidas amplias, y el horizonte urbano empezó a parecerse a una “ciudad del futuro”.
En 2019 llegó otro cambio de nombre. Tras la renuncia de Nursultan Nazarbayev a la presidencia, su sucesor, Kassym-Jomart Tokayev, propuso llamar a la capital Nur-Sultan como gesto de respeto al primer líder del país.
La decisión se tomó con rapidez y las reacciones públicas fueron dispares. Algunos apoyaron la iniciativa, mientras que muchos consideraron que no era la mejor idea bautizar una ciudad con el nombre de un político vivo. Aun así, la denominación se mantuvo durante casi tres años.
En septiembre de 2022, las autoridades decidieron recuperar el nombre anterior: Astana. Según los diputados que promovieron la propuesta, la denominación “Nur-Sultan” nunca llegó a hacerse realmente popular. El regreso se interpretó de forma generalizada como una señal de que el país avanzaba hacia la renovación y la apertura.
Para muchos, también fue un intento de suavizar el fuerte vínculo de la capital con el pasado y orientarla hacia una identidad más contemporánea y neutral.
A simple vista, un cambio de nombre puede parecer cosa de rótulos y papeleo. En el caso de Astana, cada denominación reflejó un giro más amplio en el país:
Estos virajes afectaron a algo más que mapas y documentos: influyeron en el ánimo social. En ese sentido, los nombres de la ciudad han funcionado como un espejo que refleja cómo ha evolucionado el país.
Hoy, Astana es más que una etiqueta: es una marca reconocida más allá de las fronteras de Kazajistán. Muchos esperan que el nombre se mantenga estable. Si la historia de la ciudad sugiere algo, es que el cambio siempre es posible. Por ahora, la constancia puede decir tanto como cualquier símbolo nuevo.