Descubre Sanni Yakuma en Sri Lanka: un antiguo ritual nocturno de máscaras, danza y exorcismo. Historia, demonios, artesanos de Ambalangoda y dónde verlo hoy.
En el suroeste de Sri Lanka, lejos del bullicio de los balnearios, algunos pueblos todavía cobran vida por la noche con rituales extraños y cautivadores. La gente se pone vistosas máscaras de madera, baila, canta y escenifica pasajes que buscan expulsar la enfermedad de una persona. Este antiguo rito se llama Sanni Yakuma, y aquí la dolencia no es solo fiebre o tos: es un demonio, con nombre, carácter e incluso rostro.
En las antiguas creencias de Sri Lanka, las enfermedades se atribuían a espíritus malévolos. Si alguien enfermaba, significaba que un demonio se había instalado. Para sanar no se recurría a pastillas —no las había—, sino que se celebraba una ceremonia especial para expulsar al espíritu. Así tomó forma Sanni Yakuma.
La isla es budista, y aun así estos ritos conviven con la religión. La gente mantiene la fe en el Buda y también en la idea de que a los malos espíritus se les puede ganar con danza, máscaras y canto. Esa superposición dice mucho sobre la creencia cotidiana: más práctica vivida que doctrina.
Sanni Yakuma no es una plegaria silenciosa, sino un espectáculo en toda regla que dura toda la noche. Participan bailarines, “sanadores” y talladores de máscaras. Al anochecer arranca el ritual y, hasta el amanecer, se encadena un flujo de danzas, escenas y actos ceremoniales.
El elenco incluye 18 demonios, cada uno asociado a una dolencia concreta: uno a la fiebre, otro a la sordera, un tercero al dolor de estómago. Por encima de todos preside Maha Kola Sanniya, que encarna a la vez todas las enfermedades.
Los intérpretes se ponen máscaras que representan a esos espíritus y montan escenas que se burlan de los demonios, se ríen de ellos y, al hacerlo, los ahuyentan. El ritual se mueve entre el exorcismo, el teatro y una celebración popular. El humor parece deliberado, una manera de reducir el miedo a una medida manejable.
Las máscaras del rito tienen su propia historia. Talladas a mano en madera ligera y pintadas, cada color, forma y detalle está pensado. El demonio de las enfermedades de la piel, por ejemplo, es moteado; el demonio de la sordera se reconoce por unas orejas desproporcionadas.
Se fabrican en pueblos como Ambalangoda, hogar de artesanos que transmiten el oficio de generación en generación. Las máscaras se han vuelto tan llamativas y reconocibles que hoy aparecen no solo en los rituales, sino también en museos, exposiciones e incluso tiendas de recuerdos.
Estas ceremonias fueron comunes en su día. Con la medicina moderna y la vida urbana se han vuelto raras. Menos gente cree en espíritus y las generaciones jóvenes muestran menos ganas de aprender las danzas o la talla. Aun así, Sanni Yakuma sobrevive en algunos lugares: si no como tratamiento, sí como cultura.
Hoy las actuaciones enmascaradas aparecen en festivales y eventos turísticos. Los pueblos donde se fabrican las máscaras atraen a visitantes que quieren ver el oficio en acción, y algunos artesanos incluso organizan talleres para enseñar a quien se anime a probar suerte con la talla de una máscara.