En la cueva Leang Karampuang, en Sulawesi (Indonesia), hallan la escena de arte rupestre narrativo más antigua, de al menos 51.000 años. Conoce su significado.
En la isla de Sulawesi, en Indonesia, científicos han descubierto una imagen de más de 51.000 años. No es solo un dibujo: es una escena completa con varias figuras, de ahí la expectación que ha generado el hallazgo. Nunca antes se había documentado en el mundo algo tan antiguo que contara una historia: no un solo animal o un signo, sino un relato entero.
En una cueva llamada Leang Karampuang, encajada en acantilados de caliza, los arqueólogos repararon en una escena inusual en la pared. Muestra un animal salvaje similar a un cerdo y tres figuras con aspecto humano. Parecen interactuar —quizá en una caza, quizá en un ritual—.
Estas pinturas quedaron selladas bajo una fina película de caliza, y fue esa capa la que el equipo analizó. Empezó a formarse no más tarde de hace 51.200 años, lo que significa que la obra es anterior. El método de datación se considera preciso y se usa ampliamente en arqueología.
Hasta ahora, el arte más antiguo se consideraba compuesto por representaciones simples de animales o siluetas de manos. Una escena compuesta —una narración visual— no había aparecido con tanta antigüedad.
Indonesia emerge ahora como un lugar que podría albergar el dibujo narrativo más temprano conocido en la historia humana. Esto sugiere que aquellas personas ya pensaban con imágenes: no se limitaban a trazar formas, intentaban transmitir sentido. Cuesta no ver en ello un impulso de contar, una intención que va más allá de la mera copia del mundo.
Antes ya se habían encontrado otras pinturas antiguas en Sulawesi —por ejemplo, una escena de caza en otra cueva—. Este nuevo descubrimiento es aún más antiguo.
Indonesia es un archipiélago inmenso, con más de 17.000 islas. Se confirma que aquí vivía gente desde hace muchísimo tiempo y que ya había comenzado a desarrollar arte, símbolos y, posiblemente, las primeras formas de cultura.
Los investigadores aún no saben con exactitud quién creó estas imágenes. Podrían haber sido humanos modernos u otras especies antiguas. En cualquier caso, quien las pintó no solo sabía dibujar, también era capaz de contar una historia con imágenes.
El significado de la escena sigue siendo incierto. Podría mostrar una caza, una leyenda, un ritual o una observación minuciosa de los animales. Los científicos son prudentes con las conclusiones firmes y subrayan que esta es la primera evidencia conocida de que las personas podían comunicar significado mediante imágenes.
Por desgracia, las pinturas están amenazadas. Las cuevas sufren por la humedad, la sal y el desmoronamiento de la roca. Para proteger estas obras escasas, los investigadores colaboran con proyectos que digitalizan y preservan las imágenes en formato virtual.
Este hallazgo sugiere que, hace decenas de miles de años, la gente no solo sobrevivía: pensaba, sentía y transmitía historias. La escena en la pared de la cueva es más que una imagen antigua; es un intento de hablar de la vida, de emociones, de algo que importaba. Vista hoy, la escena interpela: no cambia los datos, pero sí la distancia temporal, que por un instante parece acortarse.
La cueva indonesia queda como testigo silencioso del ascenso del arte: no en museos ni en lienzos, sino sobre la roca, bajo tierra, donde alguien trazó lo que veía y sentía. Y unos 50.000 años después, por fin podemos contemplar esa historia.