Descubre la Casa Danzante de Praga: su origen con Havel, el diseño de Gehry y Milunić, qué hay dentro y por qué es un icono moderno de la ciudad hoy en día.
En pleno corazón de Praga, entre fachadas ajadas y calles empedradas, se alza un edificio que se negó a pasar desapercibido: la Casa Danzante. De modernidad desarmante, parece lista para girar en un vals en cualquier instante. Tras sus curvas de vidrio hay una historia inseparable del propio camino de transformación de la ciudad.
Hubo aquí una casa antigua. Un bombardeo en 1945 la destruyó, y durante años el solar quedó vacío. Recién en 1986 Václav Havel, futuro presidente de la República Checa, propuso levantar algo nuevo y estimulante. Imaginaba un lugar que se integrara en la vida cultural de la ciudad.
El encargo recayó en dos arquitectos: el checo Vlado Milunić y el reconocido estadounidense Frank Gehry. Juntos concibieron un edificio como no se había visto en Praga.
La estructura se compone de dos torres. Una, esbelta y acristalada, parece en movimiento; la otra es más vertical y rotunda. La gente pronto empezó a llamarlas Fred y Ginger, en alusión a Fred Astaire y Ginger Rogers. En la azotea descansa una pieza metálica —parte mechón, parte corona— apodada Medusa.
La casa está construida con 99 paneles de hormigón, cada uno con una forma única. Los arquitectos buscaban un edificio que no se limitara a estar en pie, sino que pareciera moverse, respirar y dialogar con la ciudad que lo rodea.
En la Casa Danzante hay oficinas, una cafetería, una galería y el Dancing House Hotel. En lo más alto, el restaurante Ginger & Fred se abre a vistas amplias del río Moldava y del Castillo de Praga. Los interiores son luminosos, elegantes y decididamente contemporáneos.
Cuando el edificio abrió en 1996, las reacciones fueron dispares. Muchos vecinos no estaban preparados para una declaración tan audaz en el centro histórico. Con el tiempo, sin embargo, se convirtió en uno de los emblemas de Praga. En 1997 fue nombrado Edificio del Año y más tarde incluso apareció en una moneda conmemorativa.
La Casa Danzante funciona como un hito de cómo ha cambiado el país. No se trata solo de arquitectura: habla de coraje, de impulso y de una ciudad antigua que decide abrazar lo nuevo. De cerca, su balanceo sutil se percibe menos como una provocación y más como una conversación. Y precisamente porque no refleja lo que la rodea, atrapa la mirada y no la suelta.