Explora las rutas más peligrosas del mundo: Yungas Road, Monte Huashan, Kalalau y más. Consejos de seguridad, riesgos reales y medidas oficiales antes de ir.
Cada año, miles de personas no parten hacia playas ni resorts, sino a medirse con la montaña y el vacío. Algunos sueñan con avanzar sobre tablones colgados de un abismo; otros con descender por una carretera sin un solo guardarraíl. Son rutas que asustan y seducen a la vez. Las vistas pueden ser espectaculares, pero ningún paisaje compensa un paso imprudente: la seguridad va primero.
Los riesgos cambian de un lugar a otro: veredas estrechas pegadas a acantilados sin pasamanos, roca pulida y ascensos brutales, calor capaz de provocar deshidratación, cambios de tiempo súbitos, ausencia de señal y rescates que no llegan rápido, además de senderistas que sobreestiman su nivel. Muchas de estas rutas están oficialmente abiertas, algo que puede dar una falsa sensación de control. Incluso viajeros experimentados acaban metidos en problemas aquí.

Una de las carreteras más célebres —y temidas— del mundo recorre más de 60 kilómetros de montaña, siempre al filo del precipicio, sin vallas ni arcén. Durante años soportó tráfico regular y allí morían decenas de personas cada año. Hoy los coches usan una autopista nueva, mientras que los turistas —en su mayoría en bicicleta— descienden por el trazado viejo. ¿Impresiona? Mucho. ¿Resulta fascinante? También. El magnetismo es real, pero el margen de error es mínimo.

Una de las caminatas más desasosegantes que existen: estrechos tablones fijados a una pared vertical y un cable al que engancharse mientras uno avanza de canto. Bajo las botas no hay nada, solo aire durante lo que parece una eternidad. Miles se animan por las vistas increíbles. Aquí no hay lugar para el fallo, y todos lo saben.

Parece un sencillo camino selvático, pero es de los más peligrosos. Las lluvias son frecuentes y vuelven el terreno resbaladizo; los ríos crecen y dejan a la gente aislada. Ha habido casos de excursionistas que murieron o quedaron varados durante largos periodos. El lugar es hermoso y, a la mínima, implacable.

Sobre el papel es una ruta lineal de ida y vuelta de unos 5 kilómetros. Sin embargo, en 2025 un senderista murió allí tras sucumbir al calor y la deshidratación. Un recordatorio contundente: hasta los caminos que parecen sencillos pueden volverse letales cuando se cruzan condiciones adversas y poca preparación.

Es una travesía de verdad, solo para curtidos: más de 60 kilómetros de alta montaña sin señalización, con cortados expuestos y tramos muy empinados. Si algo sale mal, la ayuda tarda en llegar. Las caídas están siempre al acecho, y ocurren.

Durante años figuró entre las rutas más peligrosas de Europa: un sendero agarrado a la roca en pasarelas estrechas, suspendidas muy por encima del desfiladero. Hoy está reconstruido y es más seguro, pero su pasado intimidante sigue marcando la percepción. La leyenda permanece, aunque los pasamanos sean nuevos.
Algunos países endurecen el control de rutas de alto riesgo. En Japón, desde 2024, está prohibido ascender de noche al monte Fuji sin reserva en un refugio. El objetivo es la seguridad: demasiada gente intentaba la cumbre sin preparación. En otros lugares se mueven también las reglas: cupos, seguros obligatorios, charlas previas, cables fijos y pasamanos, guías profesionales. Incluso con estas medidas, muchas rutas siguen siendo realmente peligrosas, sobre todo cuando se desoyen las normas.
Si tienes experiencia, equipo adecuado, conoces el recorrido y mantienes el ego a raya, quizá sí. Si es solo por “probar”, mejor replantearlo. Estos senderos son deslumbrantes, pero no son atracciones de feria. Van de sobrevivir, de temple, y de ese respeto que los lugares salvajes exigen.