Máscaras del Carnaval de Venecia: historia, tipos y renacimiento

Descubre la historia del Carnaval de Venecia, el origen de sus máscaras icónicas, sus tipos y prohibiciones, y cómo renació esta tradición única que deslumbra.

Venecia parece un plató de cine hecho realidad: canales en lugar de calles, barcos donde habría coches, palacios venerables… y máscaras. No son simple atrezzo fotogénico. Atraviesan la historia y la cultura de la ciudad y durante un tiempo incluso moldearon la vida diaria.

Cómo empezó

Las primeras menciones del carnaval de Venecia se remontan a 1094, y en 1296 se convirtió en festividad oficial. Desde entonces, cada año antes de la Cuaresma, la ciudad se llenaba de trajes vistosos, música y celebración. La gente se ponía máscaras para ocultar su identidad y moverse con más libertad entre la multitud. Con el rostro cubierto, nadie podía saber si eras pobre o noble, hombre o mujer, vecino o forastero: por un rato, las etiquetas sociales perdían fuerza.

Las máscaras permitían, durante un tiempo, salir de los márgenes habituales. Se podía bailar, coquetear, discutir o simplemente deambular por las calles sin miedo al juicio ajeno, una licencia que todavía intriga por su audacia.

Las máscaras

Bauta — una máscara blanca de mentón alargado, que se llevaba con un tricornio. Cubría el rostro pero permitía hablar y comer sin quitársela.

Volto — una máscara blanca, redondeada y sencilla que ocultaba toda la cara.

Colombina — una máscara pequeña que cubría solo la parte superior del rostro, a menudo decorada con plumas y piedras.

Moretta — una máscara negra sujeta por un pequeño botón que se sostenía entre los dientes. Mientras estaba puesta, hablar era imposible.

Médico de la Peste — una máscara con un largo pico. En la Edad Media, los médicos colocaban hierbas aromáticas en su interior para no respirar aire contaminado; con el tiempo, pasó a formar parte del atuendo carnavalesco.

Cuando empezaron a prohibir las máscaras

Al principio, las máscaras no se usaban solo en carnaval. La gente comenzó a emplearlas para eludir deudas, escabullirse en citas, jugar y hacer lo que normalmente estaba vetado, inquietudes que no pasaron desapercibidas para las autoridades.

Ya en el siglo XIII surgieron las primeras leyes que restringían su uso fuera de las fiestas. Se prohibía, por ejemplo, entrar en monasterios con máscara, igual que llevarla durante los juegos. Con el tiempo la línea se endureció: solo se permitían en días de carnaval, y nada más.

Tradiciones olvidadas y un nuevo comienzo

Cuando la República de Venecia dejó de existir en 1797, el carnaval se apagó con ella. La gente dejó de llevar máscaras y la tradición se desvaneció. Solo a finales del siglo XX la ciudad la recuperó.

Hoy el carnaval de Venecia vuelve a ser un espectáculo deslumbrante. Llegan turistas de todo el mundo para desfiles de disfraces, bailes y, por supuesto, las máscaras. Se elaboran a mano en talleres dedicados, especialmente en Murano, una isla célebre por sus sopladores de vidrio.

Las máscaras ya no sirven para ocultarse ni para cambiar de papel; ahora forman parte del arte, de la memoria y de la estética veneciana. Aun así, persiste la idea de fondo: al menos una vez al año cualquiera puede convertirse en otro, sin preguntas, sin juicios y sin fronteras.