09:34 29-11-2025
Cómo se cuidaban los romanos: baños, remedios y belleza
Aceite y estrígilo en las termas, esponjas compartidas, polvos dentales y triaca: descubre cómo eran la higiene, la belleza y la medicina en la Roma antigua.
La Antigua Roma suele evocarnos gladiadores, emperadores y ruinas gastadas por el tiempo. Pero los romanos también eran gente común que tenía que lavarse, curar dolencias y cuidarse. Así funcionaba realmente ese mundo, apoyado en prácticas documentadas, sin conjeturas ni adornos.
Aceite en lugar de jabón, baños en vez de duchas
Los romanos no usaban jabón como nosotros. Se untaban el cuerpo con aceite y luego lo retiraban con una herramienta curva llamada estrígilo, llevándose el sudor y la suciedad. Esta rutina se realizaba no en casa, sino en baños públicos conocidos como termas.
Las termas atraían a todos —ricos y pobres por igual—. La gente iba a asearse, conversar, relajarse, intercambiar noticias. Era tanto un punto de encuentro social como un lugar de higiene, integrado en la vida cotidiana.
Un retrete con esponja y agua compartida
Sin papel higiénico, los romanos recurrían a una esponja fijada a un palo. Tras usarla, la aclaraban en agua y la dejaban para el siguiente. Hoy suena poco atractivo; en su mundo era lo habitual.
Los retretes solían estar cerca de las termas, y el agua de los baños se reutilizaba para la descarga. Cómodo, sí, pero lejos de lo impoluto. No extraña que las enfermedades tendieran a propagarse en Roma.
Cómo limpiaban los dientes sin cepillo ni pasta
La dentadura romana solía estar en un estado aceptable, incluso sin pasta, cepillos ni odontología moderna. Usaban polvos a base de ceniza, tiza y otros materiales naturales, que frotaban con los dedos o con palitos con cerdas rígidas. Nada sofisticado, pero lo bastante eficaz.
Tratamientos: de hierbas a veneno de serpiente
Roma tomó mucho de la medicina griega. Los practicantes recurrían a hierbas y mezclas complejas, algunas sorprendentes. Un remedio popular, la triaca, combinaba decenas de ingredientes, entre ellos opio y veneno de serpiente. Se tomaba para todo tipo de males, desde dolores e intoxicaciones hasta resfriados.
Aquellas preparaciones no eran baratas. La gente común a menudo no podía permitírselas y se apañaba con infusiones y ungüentos.
Cuidado corporal y belleza
Los romanos, especialmente las mujeres, cuidaban el aspecto. Usaban mascarillas y cremas y eliminaban el vello con pinzas, mezclas específicas y, en ocasiones, incluso con fuego. La apariencia importaba, y el descuido no era bien visto.
¿Quién podía permitírselo?
Los acomodados disfrutaban de lo mejor: médicos personales, espacios de baño privados y productos costosos. Los pobres dependían de medios más sencillos, a menudo carecían de buen acceso al agua y recurrían a métodos populares.
Por qué sigue resonando
Todo esto suena lejano, pero mucho resulta familiar: seguimos disfrutando del vapor y el calor, mantenemos rutinas de cuidado y atendemos dolencias comunes. La diferencia es que hoy es más seguro y fácil de acceder. Si quitamos el mármol, los hábitos romanos se vuelven menos exóticos: otra versión del mismo impulso humano de mantenerse limpio, sentirse bien y pertenecer.