21:30 27-11-2025

Rincones poco conocidos de Roma: Coppedè, el naranjal del Aventino y las catacumbas

Descubre la Roma menos turística: el barrio Coppedè de cuento, el Giardino degli Aranci en el Aventino y las antiguas catacumbas. Guía para visita diferente.

By Bert Kaufmann from Roermond, Netherlands - Rome Skyline, CC BY-SA 2.0, Link

Pronunciar Roma y a muchos se les viene a la mente el Coliseo, la Fontana di Trevi y ríos de visitantes. Pero la ciudad es mucho más que sus grandes atractivos. También guarda rincones silenciosos, llamativos y peculiares que rara vez aparecen en las guías habituales: lugares que dejan ver una Roma más fresca y verdadera.

El barrio Coppedè — como un cuento de hadas

Si uno piensa que Roma es solo ruinas antiguas, el barrio Coppedè sorprende. No se parece a nada del resto de la ciudad. Sus edificios lucen motivos fantásticos, esculturas y frescos; da la impresión de entrar en un libro ilustrado o en un set de rodaje.

El vecindario tomó forma a comienzos del siglo XX. Lo concibió y construyó el arquitecto Gino Coppedè, de quien toma el nombre. Entre sus puntos más llamativos están la Casa de las Hadas, la Fuente de las Ranas y el Palacio de la Araña. En conjunto forman una mezcla poderosa de estilos, del capricho a lo gótico.

Se encuentra en la zona de Trieste, al norte de Roma. Los turistas casi no se desvían hasta aquí, así que el paseo se hace sin prisas: tiempo de sobra para empaparse del ambiente y recrearse en los detalles.

Un naranjal en una colina

En la colina del Aventino se abre un jardín sereno poblado de naranjos. Conocido como Giardino degli Aranci, o jardín Savello, se creó en 1932 y desde entonces es un paseo predilecto de los vecinos.

Es compacto, pero acogedor. Sus senderos sombreados llevan a una terraza con una vista amplia de la ciudad. Las naranjas no se pueden comer: son amargas a propósito para que nadie tenga la tentación de arrancarlas. El lugar pide un ritmo lento, de esos que reajustan en silencio la manera de mirar la ciudad.

La Roma subterránea: las catacumbas

Roma no es solo lo que se ve a ras de calle. Bajo sus calles se extienden catacumbas, largos corredores subterráneos donde antaño se enterraba a la gente. Surgieron en el siglo II y las utilizaron cristianos, judíos y paganos.

Las más conocidas son las de San Calixto, San Sebastián y Santa Domitila. En su interior hay frescos antiguos, inscripciones y pasadizos estrechos excavados en la roca. No solo fueron cementerios: también sirvieron de refugio frente a la persecución.

Hoy algunas catacumbas están abiertas al público, aunque la mayoría permanece cerrada. Los investigadores siguen estudiándolas, y todo indica que aún quedan descubrimientos por delante.

Roma, entonces, no es únicamente la ciudad de las postales. Hay otra Roma: tranquila, insólita y magnética. El barrio Coppedè, el naranjal en la colina y las antiguas catacumbas muestran la ciudad desde un ángulo inesperado, de esos que se quedan en la memoria cuando el gentío se disipa.