13:34 23-11-2025
El sorprendente cementerio de animales en Berenike, Egipto
Descubre el cementerio de mascotas de 2.000 años en Berenike, Egipto: gatos, perros, monos y terneros enterrados con rituales, evidencia de cuidado y afecto.
No lejos del mar Rojo, en las arenas de Egipto, arqueólogos han descubierto un cementerio insólito: no de personas ni de gobernantes, sino de animales—gatos, perros, monos e incluso terneros. Cerca de 600 enterramientos, cada uno habla de cuidado, apego y duelo. El hallazgo se encuentra en el antiguo puerto de Berenike, un nodo clave del comercio entre Egipto, India y Roma.
Dónde se encontró
Berenike fue una puerta de entrada por la que circulaban especias, tejidos, joyas—y animales—rumbo a Egipto y al mundo romano. Durante más de una década, arqueólogos polacos han explorado el entorno del puerto. En los últimos años, su trabajo sacó a la luz algo inesperado: un pequeño tramo de terreno que resultó ser un auténtico cementerio de mascotas que funcionó hace aproximadamente dos mil años.
Algo más que animales
Los arqueólogos documentaron más de 580 enterramientos. La mayoría eran gatos, pero también hubo perros y alrededor de 200 monos. No eran restos desechados, sino verdaderas tumbas. Los animales fueron colocados de lado, como dormidos. Los envolvieron en textiles, los cubrieron con fragmentos de mantas y los acompañaron con conchas, trozos de cuerda y tiestos de ánforas. Algunos incluso llevaban collares.
Monos a los que cuidaron
Los enterramientos de monos resultan especialmente conmovedores. Estos macacos habían sido traídos desde la India a través del puerto. Los cuidaron: los trataron, los alimentaron y quizá los llevaron en brazos. Sus huesos muestran lesiones que sanaron, una prueba discreta de que alguien les dedicó tiempo y paciencia.
¿Y los terneros?
Hace poco se hallaron dos terneros. A uno lo cubrieron con ocre rojo—empleado entonces en rituales—, mientras que el otro quedó parcialmente cubierto con un tiesto de ánfora. Tal vez formaban parte de un rito, o tal vez eran animales a los que alguien tenía cariño. Los investigadores aún no pueden afirmarlo con certeza, pero ambas tumbas fueron cuidadas y deliberadas.
¿De dónde venían los monos?
Los monos de Berenike no eran locales; se importaron desde la India. Eso, por sí solo, subraya lo activa que era la red comercial de Egipto en aquella época. Y llama la atención: animales traídos de lejos no solo se compraban, también se trataban como compañeros—no como curiosidades ni simples símbolos de riqueza, sino como seres cercanos.
Un cementerio entre un templo y un basural
Hay un detalle que destaca: el cementerio se situaba entre un espacio semejante a un templo y un área destinada a los desechos. Un encuentro entre lo sagrado y lo cotidiano. Para quienes vivían allí, quizá resultaba natural convivir, llorar y recordar a la par del ritmo diario.
Por qué importa
A menudo imaginamos que el afecto por los animales es un invento moderno, que antes se les veía como objetos o emblemas. Berenike sugiere lo contrario. La gente forjó vínculos, hizo duelo, se despidió y quiso dejar una huella: a veces en un retazo de tela, a veces en una concha junto a una pata, a veces en una postura tranquila, como de sueño. Cuesta no leer este conjunto como una forma de humanidad preservada en la arena.