09:32 20-11-2025
Tejadillo de Oro: historia, leyendas y curiosidades de Innsbruck
Descubre el Tejadillo de Oro de Innsbruck: su origen con Maximiliano I, la inscripción críptica, leyendas del duque y esculturas pícaras, más eventos y museo.
En pleno centro de Innsbruck, entre fachadas históricas y crestas alpinas, una pieza singular destella al sol: el Tejadillo de Oro. Se distingue al instante: su cubierta luce miles de tejas de cobre dorado. Más que un imán para visitantes, encierra un entramado de historias, mitos e incluso un punto de picardía. Así este balcón se convirtió en emblema de la ciudad y aún guarda más de un secreto bajo su alero.
Cómo nació el Tejadillo de Oro
A finales del siglo XV, el emperador Maximiliano I quiso un balcón elegante desde el que contemplar espectáculos callejeros y justas. Así tomó forma el Tejadillo de Oro: un cuerpo saliente ricamente decorado y revestido con tejas de cobre dorado.
En el proyecto trabajaron el arquitecto local Nikolaus Turing y el artista Jörg Kölderer. La fachada se adornó con representaciones del emperador, sus esposas y símbolos clave para la dinastía.
La inscripción críptica que nadie podía leer
Bajo el balcón se conserva una inscripción misteriosa trazada con signos poco comunes. Permaneció como un enigma durante más de 500 años, hasta que en 2020 el aficionado Erhard Maroschek la descifró. Demostró que en realidad expresa en latín ego sum lux mundi, un pasaje bíblico que afirma que quien habla es la luz del mundo.
La interpretación más extendida sostiene que el emperador recurrió a esa frase para subrayar su estatura y presentarse como fuente de esclarecimiento. Durante mucho tiempo desconcertó incluso a los estudiosos, porque la escritura mezcla distintos alfabetos, entre ellos el latino, el griego y el hebreo.
La leyenda del duque de los bolsillos vacíos
Una historia popular asegura que el Tejadillo de Oro fue obra del duque Federico IV, conocido como el de los bolsillos vacíos. Según el relato, quiso demostrar que no era pobre y por eso cubrió el tejadillo de oro.
Los historiadores sostienen que no fue así. Las obras empezaron más tarde, bajo el reinado de Maximiliano. Incluso el estudio de las maderas empleadas en el balcón confirma que el duque no tuvo relación con el proyecto.
Figurillas de piedra con guiño
Al observar de cerca la fachada, aparecen pequeñas esculturas que, dicho con tacto, no son del todo decorosas. Algunas sacan la lengua, otras enseñan el trasero y unas cuantas hacen gestos extraños. Se suele interpretar que los artesanos colaron estas travesuras como protesta silenciosa tras cobrar menos de lo prometido.
Con todo su disimulo, esos detalles dan vida a la fachada y la vuelven cercana. En ellas se respira su época, con un punto de descaro que todavía arranca una sonrisa.
Hoy es algo más que un museo
En la actualidad, el Tejadillo de Oro alberga un museo donde el público puede conocer mejor a Maximiliano y ver objetos y fotografías históricas. Dentro se organizan exposiciones y también funciona la oficina de la Convención Alpina internacional.
Pero la vida del edificio va más allá de sus salas. Cada año, frente a su fachada, la Golden Roof Challenge lleva el atletismo al casco antiguo con pértiga y salto de longitud. En 2024 el torneo celebró su 20.º año, y en 2025 se llevó a cabo por 21.ª vez. Atletas de todo el mundo compiten con el fondo dorado, y el espectáculo atrae inevitablemente a una multitud.
¿Hay un fantasma bajo el tejadillo?
No hay relatos oficiales de fantasmas ligados al Tejadillo de Oro, pero el lugar parece habitado por el pasado. Los vecinos suelen bromear con que de noche uno podría cruzarse con el espíritu del emperador. La idea se entiende: entre inscripciones antiguas, figuras extrañas y una historia en capas, queda una atmósfera que te acompaña mucho después de marcharte.