15:23 13-01-2026
Vivir con la frontera en casa: Barle, Sebatik y Derby Line
Descubre pueblos donde la frontera cruza casas: Barle (Bélgica/Países Bajos), Sebatik y Derby Line. Vida diaria y por qué atraen a viajeros curiosos.
Imagina preparar el desayuno en un país y sentarte a comerlo en otro. Das un paso desde el umbral del dormitorio y sigues en casa, aunque ya estés en el extranjero. Para algunos pueblos no es una fantasía, sino la rutina matinal: la frontera nacional atraviesa sus propias viviendas.
¿Por dónde pasa la frontera: por el suelo o sobre la alfombra?
La mayoría de las fronteras internacionales se presentan como líneas claras y formales: barreras, banderas, agentes. Pero hay lugares donde esa idea ordenada se deshilacha. En unas cuantas localidades, la línea divisoria atraviesa edificios: casas, comercios e incluso bibliotecas.
El ejemplo más conocido es la localidad de Barle, partida entre los Países Bajos y Bélgica. Allí la frontera se comporta menos como una línea y más como una red: serpentea por las calles, cruza patios y vallas y llega a enhebrarse por el centro de algunas viviendas.
Una casa mitad belga, mitad neerlandesa
En Barle, el salón puede quedar en un país mientras el dormitorio pertenece al otro. Lo que cuenta es la ubicación de la puerta principal. Las normas locales indican que, si la puerta da al lado belga, la vivienda se considera belga, aunque la mitad de la estructura esté en los Países Bajos.
Para que nadie se pierda, hay marcas especiales pintadas en las calles e incluso dentro de los edificios: cruces blancas y las letras “NL” (Países Bajos) y “B” (Bélgica). A veces las señales atraviesan el suelo de un café o cortan en dos el dormitorio de alguien.
Dónde más ocurre
Barle no es el único punto del mapa donde las casas cabalgan una frontera. En la isla de Sebatik, entre Malasia e Indonesia, existe una vivienda con la cocina en un país y la sala de estar en el otro.
Y en la localidad norteamericana de Derby Line, en la línea que separa a Estados Unidos y Canadá, una biblioteca y un teatro quedan también bisectados por el límite: basta cruzar el vestíbulo para pasar de un país al otro.
Cómo se vive en casas así
La vida sobre la línea exige atención a los detalles. En Barle funcionan dos oficinas de correos, y algunas casas tienen dos direcciones y dos buzones. Los residentes pagan servicios y tributos según el país al que pertenezca su vivienda.
Por fortuna, en Europa estas fronteras apenas dan dolores de cabeza: Países Bajos y Bélgica forman parte de la Unión Europea y del espacio Schengen, sin controles estrictos. La gente va y viene sin miedo a una multa por un paso de más, una prueba pequeña pero elocuente de cómo las decisiones públicas pueden volver la vida cotidiana fluida o engorrosa.
En otros lugares, donde las relaciones vecinales son más complejas, viviendas así podrían encender disputas con facilidad. Aun así, en Sebatik la gente encuentra maneras de convivir, incluso con una línea que corta una casa en dos.
Turismo y curiosidad desde medio mundo
Estos pueblos suelen convertirse en atractivos singulares. En Barle se puede ver cómo la frontera parte en dos un restaurante o un escaparate. Los visitantes posan encantados con un pie en los Países Bajos y el otro en Bélgica.
Los vecinos llevan tiempo acostumbrados a esa atención. Incluso crean recuerdos que celebran su modo de vida poco común.
Lo que esto dice de nosotros y del mundo
Cuando una frontera atraviesa un hogar, deja de ser una simple línea en el mapa para convertirse en parte de la rutina. Quienes viven aquí no separan la vida en “allí” y “aquí”; simplemente viven, a menudo en dos países a la vez.
Lugares así invitan a pensarlo: quizá, con el tiempo, las fronteras dejen de sentirse como barreras y se conviertan en puntos de encuentro. Donde hubo muros, tal vez aparezcan puentes, aunque crucen, literalmente, por la cocina.