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Tradiciones de Año Nuevo en distintos países: guía para inspirarte

Descubre tradiciones de Año Nuevo en España, Italia, Grecia, Escocia, Dinamarca, Japón, China y Filipinas. Rituales y costumbres para inspirar tu celebración.

By Alexey Elfimov - Imported from 500px (archived version) by the Archive Team. (detail page), CC BY 3.0, Link

El Año Nuevo es una fiesta compartida en todo el mundo. Es tiempo de hacer balance, pedir deseos y confiar en que los próximos doce meses sean más amables. Las formas de marcar el momento no podrían ser más distintas: hay quien lo vive en familia y quien llena las calles para celebrar hasta el amanecer. Reunimos tradiciones memorables de distintos países; más de una se presta a estrenarse en casa.

España: 12 uvas para la buena suerte

En España, la Nochevieja —literalmente, la Noche Vieja— gira en torno a un ritual célebre: comer 12 uvas a medianoche, una por cada campanada, para atraer fortuna mes a mes. La costumbre se remonta a 1909, cuando los viticultores, ante una cosecha abundante, buscaron vender más fruta, y el gesto se quedó. Tal vez porque es sencillo y festivo a la vez.

Muchos también se ponen ropa interior roja, un guiño a la suerte en el amor. La velada suele empezar en casa y, pasada la medianoche, la gente se vuelca a las calles y a plazas centrales —la Puerta del Sol en Madrid es un clásico— para recibir el año en compañía.

Italia: tirar lo viejo, invitar lo nuevo

En Italia, el Año Nuevo es Capodanno. La ropa interior roja aparece aquí también, como amuleto de buena fortuna. En algunas regiones se solía arrojar por la ventana objetos viejos para despedir el pasado; hoy sucede menos, pero permanece la idea de hacer sitio a lo que viene.

También se cree que los besos a medianoche en un puente o cerca del agua favorecen al amor. La noche rebosa de alegría —fuegos artificiales, cenas largas, baile hasta el alba— y deja esa sensación de que celebrar es, en parte, prometerse algo a uno mismo.

Grecia: una moneda en el pastel y una granada hecha añicos

En Grecia, el Año Nuevo coincide con el día de San Basilio, quien trae regalos a los niños. Las familias sirven vasilopita, un pastel con una moneda escondida; a quien le toca se le considera el más afortunado del año que llega.

Otra costumbre es estrellar una granada en el umbral para invitar felicidad y abundancia: cuantas más semillas se dispersan, mejor. Muchos pasan la noche con juegos de mesa y cartas, donde una victoria temprana se toma como un buen augurio.

Escocia: el primer visitante y fuego en las calles

En Escocia, las celebraciones se conocen como Hogmanay. La tradición del First Footing dice que la primera persona en cruzar el umbral tras la medianoche trae suerte; lo ideal es que sea un hombre de pelo oscuro que porte un dulce, una moneda y un trozo de carbón.

Les entusiasman las procesiones a la luz del fuego y los fuegos artificiales, y se entona Auld Lang Syne, un homenaje a los tiempos idos. Edimburgo lo celebra a lo grande, con miles de personas abarrotando las calles, una estampa que habla por sí sola.

Dinamarca: platos rotos y un salto al año

En Dinamarca, los amigos rompen platos en las puertas de los demás: un montón de fragmentos en el umbral se entiende como afecto y respeto.

Antes de la medianoche, la gente sintoniza el discurso de la reina. Al dar las doce, se salta desde una silla para, literalmente, “saltar” al nuevo año, y luego se sirve un pastel de mazapán con forma de torre, considerado un símbolo de felicidad.

Japón: rituales silenciosos, campanas de templo y 108 tañidos

En Japón, el Año Nuevo es una fiesta profundamente familiar. Antes de su llegada, se limpia a fondo la casa para despejar lo negativo. A medianoche, muchos acuden a los templos para escuchar 108 campanadas, cada una asociada a un deseo humano que se deja atrás.

Se sirven platos festivos de osechi, cada uno con un significado propio. Las postales de Año Nuevo se envían para que lleguen exactamente el 1 de enero. En los primeros días, muchos visitan santuarios, hacen sus deseos y compran amuletos de buena suerte.

China: rojo, fuegos artificiales y dragones danzantes

El Año Nuevo chino sigue el calendario lunar y suele caer a finales de enero o en febrero. El centro de la celebración es la cena de reunión familiar, con platos como dumplings, pescado y bolas de arroz, que simbolizan riqueza, fortuna y unidad.

Los niños reciben sobres rojos con dinero. El rojo y el ruido —fuegos artificiales y petardos— sirven para ahuyentar a los malos espíritus. Las calles se llenan de desfiles con danzas de dragón y león.

El festival dura 15 días y concluye con la Fiesta de los Faroles, cuando la gente suelta linternas al cielo con sus deseos.

Filipinas: ruido alegre, monedas y lunares

En Filipinas, las formas redondas y los sonidos fuertes se asocian a la riqueza y a espantar la mala suerte. Las casas se adornan con objetos circulares, las mesas se visten con 12 frutas redondas y los atuendos suelen incluir lunares.

A medianoche, se golpean cucharas contra ollas, se encienden petardos y se silba. Los niños saltan para crecer más. Se abren puertas y ventanas para que entre la buena fortuna, y algunos hacen tintinear monedas en la mano como llamada a la prosperidad.

India: luz, música y tradiciones regionales

En las ciudades de India, el 1 de enero llega con fiesta sin reservas: celebraciones, danza, fuegos artificiales. La gente intercambia dulces y flores, comparte saludos y buenos deseos.

En paralelo, muchas regiones marcan su propio Año Nuevo vinculado a las cosechas y la fe. En el sur es Pongal, en el norte Vaisakhi, en el este Pohela Boishakh. Las casas se engalanan con flores y velas, aparecen coloridos rangoli en el suelo, se preparan platos festivos y se elevan oraciones en los templos.

Una fiesta, cientos de tradiciones

Sea cual sea la manera de recibir el cambio de año, hay un hilo que lo atraviesa todo: la esperanza. Unos cantan, otros rezan, otros hacen ruido y bailan, pero el objetivo es el mismo en todas partes: dejar atrás lo viejo y empezar con la mente despejada. Probar un ritual nuevo en casa puede marcar el tono de los meses que vienen; quién sabe, quizá hasta traiga un poco de suerte, y a veces lo más simple es lo que mejor funciona.